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PRESENTADO EN ROBLES PLACENTINES EL HOMENAJE A LA FIESTA DEL ULTRA CELEBRADA EN EL ATENEO DE SEVILLA EN 1919

Se ha completado la trilogía. El Ateneo (invitado por D. Juan Robles) presentó el día 11 de mayo en Casa Robles Placentines el tercer volumen de la serie dedicada a rendir homenaje a las más importantes fiestas poéticas que tuvieron lugar en el Ateneo en el primer cuarto del siglo XX. El último libro lleva por título Homenaje a la Fiesta del Ultra celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1919. Se trata de una obra de cuidada edición que completa la trilogía junto con las anteriores, Homenaje a la Fiesta del Soneto celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1912, y Homenaje a la Fiesta Literaria de la Belleza Andaluza celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1923. Los tres libros constituyen, cada uno de ellos, una importante antología de poemas en la que han colaborado muchos poetas de gran relevancia en el panorama literario actual. La importancia de la acción del Ateneo en relación con el Ultraísmo se explica en el prólogo del Presidente de la Entidad Enrique Barrero González, que se da literalmente en esta información.

Portada de la obra.

Prólogo de Enrique Barrero González:

En los dos años inmediatos anteriores, 2006 y 2007, hemos rendido homenaje, respectivamente, a la Fiesta del Soneto celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1912 y a la Fiesta Literaria de la Belleza Andaluza celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1923; y lo hemos hecho mediante la publicación de dos libros en los que destacados poetas han querido rendir con sus poemas estos tributos de reconocimiento al significado histórico de aquellas dos Fiestas y también a la extraordinaria vinculación del Ateneo con la poesía desde su propia fundación en 1887. Ahora completamos lo que ya constituye una bella trilogía con un Homenaje a la Fiesta del Ultra celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1919, también con la presencia de muchos poetas que han accedido generosamente a nuestro ruego, como en las dos ocasiones anteriores. Nos quedará todavía, a modo de epílogo de este proyecto cultural, rendir el homenaje que merecen las famosas reuniones poéticas de 1927, que tan profunda trascendencia tuvieron y mantienen en el ámbito de la historia de la poesía española.
Debo dedicar en estos momentos unas breves líneas a la presencia del Ultraísmo en nuestra Casa, puesto que tuvo en el Ateneo una proyección especial antes de la gran ocasión de 1927. Después de la presencia en el Ateneo de Juan Ramón Jiménez, tan recordada, y tras el ambiente literario y cultural que había introducido en el Ateneo José María Izquierdo y que tuvo su principal expresión en los jóvenes poetas componentes del Pasillo de los Chiflados, donosamente relacionados por Rogelio Buendía en sus dos conocidos sonetos alejandrinos, llegaron, por fin, a nuestra Casa los vanguardistas, los escandalosos, los ultraístas, a los que según nos decía Jorge Urrutia en su Discurso de apertura del curso 2002-2003 había franqueado las puertas Felipe Cortines Murube, a la sazón presidente de la Sección de Literatura, el día 13 de febrero de 1919.
La relación del Ateneo con los ultraístas deriva fundamentalmente de dos circunstancias: de la celebración en nuestra Casa de la denominada Fiesta del Ultra, a la que ahora mediante este libro conmemoramos y rendimos homenaje y del hecho de que la mayoría de los poetas que participaron y representaron la innovadora tendencia poética en Sevilla eran ateneístas y como tales se reconocían.
La Fiesta del Ultra tuvo lugar el día 2 de mayo de 1919, aunque antes le precedieron cinco veladas poéticas, también expresivas de la misma tendencia, organizadas en nuestro Salón de Actos por la revista Grecia, principal órgano de difusión del nuevo movimiento, que había sido creada pocos meses antes y cuyo primer número había visto la luz en Sevilla el día 12 de octubre de 1918.
La primera velada se celebró el día 13 de febrero de 1919, con una lectura de poemas del entonces joven poeta Salvador Fernández Álvarez. La segunda tuvo lugar pocos días más tarde, el 18 de febrero, con lectura de poemas de Tomás Salvador Aguilar, vicepresidente de la Sección de Literatura. En la tercera, el inmediato día 22 de febrero, se oyeron los poemas de Adriano del Valle y en las dos siguientes, los días 22 de marzo y 2 de abril del mismo año 1919 los de Pedro Raida.
Los cuatro poetas mencionados tuvieron un amplio desarrollo personal en el Ateneo. En efecto, la presencia de Salvador Fernández Álvarez, al que he denominado recientemente un poeta escolapio y ateneísta lo encontramos hasta fechas muy posteriores, bien pasada la guerra civil, vinculado, ya por ejemplo a Juan Rodríguez Mateo y a nuestro presidente José Salvador Gallardo , ya en reseñas sobre él que conservamos en nuestro archivo como la de una Revista Calasanz del Colegio de los Escolapios en los que cursó su bachillerato, que lo definía como reputado doctor, especialista en dermatología, brillante periodista, colaborador asiduo de ABC, artífice de una prosa afiligranada y colorista, pero ante todo exquisito poeta… autor de libros tan bellos como Cristales, Siluetas líricas, Sol y nubes, Senderos, Breviario lírico de Sevilla y otros varios.
Tomás Salvador Aguilar nos dejó, como más preciado recuerdo, su emocionada participación, pocos años después de la lectura a que aquí nos referimos, en la Velada Necrológica que se celebró el día 14 de junio de 1923 en homenaje a José María Izquierdo, muerto en plena juventud el día 8 de julio de 1922. Siempre nos conmueve recordar su comienzo:

Eterno divagador
de la Ciudad de la Gracia
gran amador de Sevilla
cortejador de la Verdad,
de la Bondad
y la Belleza,
las tres Gracias sin mancilla.
Pasaste
tan quedo
tan alado,
tan sutil,
que apenas planta posaste
en el suelo;
pasaste
sin ruido,
como una brisa de abril,
como una estrella en el cielo

De Adriano del Valle nos queda su semblanza en nuestros Diccionarios de ateneístas, debida a la pluma y a la sensibilidad de María Sanz . Su presencia en la velada citada fue glosada días después por Luis Mosquera en lo que constituye una bella semblanza del poeta en el momento en que se redacta, hecha, desde luego, en los términos más elogiosos: Él es el futuro cantor de todas las tradiciones latinas; él es el que puede concentrar en su verbo la herencia fastuosa y luminosa de las islas griegas; él es el que sobre una barca enguirnaldada de rosas puede elevar su vida más allá de las musicales olas mediterráneas, porque Adriano del Valle lleva en sus ojos un deslumbramiento, como el que ha mirado al sol, cara a cara, sin pestañear.
El austriaco Pedro Raida estuvo presente en el Ateneo durante bastantes años. Antes de esta lectura ya había intervenido en diversos actos, en la presentación de sus libros Ensueño y realidad (1913), o en lecturas de sus novelas Jorge y María (1914) y La ciudad de todos los amores (1916) y continuó vinculado a la Casa en los años siguientes a 1919. En muchas ocasiones el grado de ateneísmo de muchos de sus contemporáneos se mide por sus vinculaciones con José María Izquierdo, el ateneísta por excelencia, pues no en vano la mayoría de las numerosas críticas literarias del autor de Divagando por la Ciudad de la Gracia y …Por la parábola de la vida son, como he señalado en otra ocasión, críticas de amistad . En este extremo el ateneísmo de Pedro P. Raida ofrece pocas dudas, pues así lo revela la Carta-prólogo de La Ciudad de todos los amores, que incluye Relieves… sin relieve , en la que Izquierdo llama reiteradamente a Raida su amigo.
De la Fiesta del Ultra nos dejó una breve crónica Adriano del Valle (Adrianus) en la Revista Grecia número XV, de 10 de mayo del propio año 1919. Se celebró -nos decía- bajo la égida espiritual de Rafael Cansinos-Asséns, el condestable del Ultra, que había enviado para la ocasión algunos poemas a los que se dio lectura. Su desarrollo aparece en la propia crónica. Tomaron parte en ella -añade- además de la redacción de Grecia los distinguidos escritores Pedro Luis de Gálvez, Juan G. de Olmedilla y Pedro Garfias.
El acto comenzó, si seguimos la crónica, con la lectura de unas originales cuartillas de Pedro Luis de Gálvez, que fueron aplaudidísimas, acerca de las nuevas normas literarias y que posteriormente fueron incluidas en el número XVI de la Revista : El joven y admirable poeta Pedro Garfias -continúa- uno de los más fervorosos discípulos de Rafael Cansinos-Asséns, recitó magistralmente un bello poema del precursor del Ultra, Guillermo Apollinaire; otro no menos bello de Cansinos-Asséns, el admirable alfarero de juventudes; unas poesías de Adriano del Valle y finalmente unos poemas del propio Garfias, enormemente líricos y emotivos, que fueron calurosamente elogiados. Continúa el cronista relatando que el culto literato Miguel Romero Martínez, leyó su fidelísima versión de la Canción del automóvil de Marinetti: Y, entre otros, Canción del aeroplano, de su hermano José María, años más tarde inspirador de la reunión de poetas del 27 . Leyó también el poema de Las calles triunfales, del director de la Revista Isaac del Vando, y su propio Scherzo Ultraísta, que ya había incluido en Grecia número XIII, de 15 de abril de 1919, al que luego nos habremos de referir
Juan González Olmedilla, otro de los jóvenes poetas, según afirma la crónica, que recientemente ha profesado en los nuevos ritos líricos del Ultra, leyó a continuación unas ingeniosas cuartillas que fueron premiadas con aplausos calorosos
Cerró el ciclo lírico Pedro Garfias con unas emocionadas palabras de salutación al apóstol del Ultra y a los discípulos ausentes que fueron coronados por una nutridísima salva de aplausos. El acto terminó dentro del mayor entusiasmo.
El cronista lamenta en fin, como nosotros ahora lamentamos igualmente, que por falta de espacio, no hubiese podido dar a su reseña mayor extensión.
Después de la Fiesta del Ultra volvieron a celebrarse otras dos veladas, pero antes de detenernos en ellas para aludir a su sorprendente desenlace, debemos decir unas palabras, con la brevedad que la ocasión requiere, sobre el movimiento ultraísta, de cuya tendencia literaria Sevilla hizo de espejo ustorio, como definiría José María Izquierdo por medio de la revista Grecia y, como hemos visto, del Ateneo sevillano.
Antes del acto principal celebrado el 2 de mayo en nuestro Ateneo se habían ya producido en diciembre de 1918 las declaraciones de Cansinos-Asséns a Xavier Bóveda en El parlamentario, práctico comienzo de la nueva tendencia poética y el manifiesto literario, que volvió a aparecer en Grecia, número XI, de 15 de marzo de 1919.
El movimiento, que así lo llamaban, se inserta desde luego, en las literaturas de vanguardia que España no produce en primera instancia y que se trasvasan desde los países en que surgen , aunque Pedro Gálvez en las cuartillas ya citadas rechazaba que la tendencia ultraica fuese de importación extranjera, si bien lo parece a la primera mirada: los precedentes de Marinetti, Apollinaire, Max Jacob y otros no fueron sino precedentes. El propio Cansinos-Asséns, el creador de Ultraísmo, nos dejó, sin embargo, el conjunto de antecedentes que lo producen, en las palabras que transcribe Alberto de Segovia en Haciéndonos Justicia. El Ultraísmo : Las tendencias superatrices de Nietzsche, D'Annunzio, Walt Whitman, Emerson, Verhaeven; el futurismo de Marinetti, el dinamismo manifestado en la lírica con los temas de las conquistas de la mecánica, la vida intensa, los aeroplanos, Guillermo Apollinaire, en su conjunción con el arte abstracto o ideal, las obras de Mallarmé, Pedro Reverdy; el Creacionismo de Vicente Huidobro; Tristán Zara, Max Jacob, F. Picabia, Jean Cocteau, la revista "Antología Dada" de Zurich, y el Nor-Sud, de Paris... han producido el Ultra que es algo que está más allá del novecentismo. Busca sus motivos en la vida intensa y el arte abstracto; utiliza el verso libre; admite todas las posibilidades. Extrae elementos del futurismo, del dinamismo, del creacionismo que trajo Vicente Huidobro a Madrid en su valija diplomática de novedades líricas el año 1918.
Es en este contexto vanguardista donde ha de surgir, tras el intenso drama vivido por Europa en la gran guerra y la crisis del modernismo, lo que Rogelio Reyes y Paulino González, a propósito del director de Grecia, en la obra ya citada, llaman una interesante pirueta estética, la más llamativa vanguardia del momento, la renovación literaria autodenominada Ultra, nacida con el propósito de ofrecer un arte nuevo que supla la última evolución literaria, el novecentismo, es decir con una voluntad de ruptura con los patrones estéticos del fin de siglo.
En el manifiesto literario que da origen a la tendencia, tras las declaraciones de Cansinos-Asséns a Bóveda, se utiliza todavía un tono de moderación: pretenden rebasar la meta alcanzada por los primogénitos (los grandes figuras de este movimiento), a la vez que afirman que en nuestro credo cabrán todas las tendencias sin distinción, con tal que expresen un anhelo nuevo... nuestra literatura debe renovarse, debe lograr su ultra como hoy pretenden lograrlo nuestro pensamiento científico y político.
En el mismo sentido Gálvez proclamaba en las cuartillas citadas: no quiere decirse que el Ultra desdeñe o abomine de la forma. Ningún escritor de lengua castellana más delicado y sutil en la forma que Cansino-Asséns. Lo que desdeñamos nosotros no es la forma: es la imitación servil de los antiguos, el amaneramiento literario... Los plagiadores de los clásicos me representan a Brocas partiéndose una pierna para imitar la cojera de Romanones.
No tardó, sin embargo, en radicalizarse la tendencia y en abandonar las pautas de moderación con que inicialmente se presentaba, con el repudio absoluto de todo lo que no fuera cuanto ellos preconizaban. Garfias ya aludía en La Fiesta del Ultra al asombro de los filisteos y preguntaba ¿No creéis llegado ya el momento de la severa revisión de valores? ¿O es que queda aún en vosotros una sombra de respeto para los viejos que nos odian y crispan los puños, esperándonos? Ellos ocupan injustamente nuestros puestos... pero no les valdrá. Oh afines, no les valdrá porque han empezado ya las batallas y el aire se puebla con nuestros gritos de victoria. El mismo tono utiliza Isaac del Vando en su Manifiesto Ultraísta cuando se refiere a Valle-Inclán, Azorín y Ricardo León: son los que representan en nuestras letras el pasado triste, nos tienen usurpado el puesto preeminente a que somos acreedores. Porque ellos son unos plagiadores conscientes e inconscientes de nuestros clásicos y ninguna cosa nos han revelado ni podrán revelárnosla ... ante los eunucos novecentistas desnudamos la Belleza apocalíptica del Ultra, seguros de que ellos no podrán romper jamás el himen del Futuro. Cuando más tarde, ya la Revista en Madrid , proclamaba para ella un futuro literario de continuidad que no pudo cumplirse , los ataques personales toman expresiones sorprendentes: Grecia continuará publicándose, para afrontar una vez más, a los mercaderes y a los académicos gotosos e idiotas y simultáneamente para revelar los esfuerzos innovadores de la generación ultraísta. Incluso un espíritu tan sensible como el de Miguel Romero Martínez se llegó a contagiar, como una especie de sarampión juvenil, tan lejos todavía su cátedra de latín ganada y perdida y los horrores sufridos en la guerra, de un lenguaje desproporcionado y absurdo: En su Scherzo Ultraísta, que recogió Grecia número XIII, de 15 de abril de 1919 así decía, por ejemplo:

Si se renueva el mundo
si advendrá el nuevo hombre
¿no es imbécil que conservemos las momias
cuando el alcohol va a andar tan escaso?
Enterremos los fetos en cal viva,
Volemos sus cenáculos con dinamita
...

Emplumenos y ahorquemos
a los facedores de quintillas
¡Qué no quede uno
de la vil ralea!

La deriva que menciono tiene, sin duda, mucho que ver con lo que podríamos denominar, con alguna imprecisión, el aspecto político del ultraísmo, lo que requiere una explicación.
José María Izquierdo, que se refirió al anhelo ultraico en el epígrafe ya citado de Relieves… sin relieve, como ese raro modo, esa moda peregrina, esa insólita modalidad de arte, ese arte exótico de estro extraño y extravagante estilo…, se cuidó, sin embargo, de no dejarse seducir por prejuicios, y se abstuvo, por falta de tempero, de hacerle crítica alguna; por otra parte, al dejarse llevar por su habitual estilo divagatorio, terminó afirmando que el anhelo ultraico es esencialmente una aspiración religiosa, puesto que sólo dentro del orden religioso podemos sentirnos plenamente ultraístas, tras cuya declaración, tan alejada del inicial comentario literario sobre la nueva manera de arte, de inédito prurito estético a que se refería, concluyó con la alusión al profundo simbolismo de la leyenda plus ultra, emblema del escudo del Ateneo, merced al gesto heroico, a la gesta aventurera, al anhelo ultraico de los descubridores y colonizadores del mundo ultramarino.
Con independencia de que el ultraísmo literario no fuese, en ningún caso, una religión ni eso pretendieran sus fundadores y oficiantes, sí parece, en cambio, que sus gestos y sus formas, es decir al menos en la captación de una música que ya estaba en el aire, lo acercaban a los de las tendencias ideológicas y políticas que habían comenzado a hacerse patentes en Italia. Si como afirma María Dolores Ramírez Almazán el fascismo italiano se extiende a todo el período comprendido entre las dos guerras mundiales, con constitución en 23 de marzo de 1919 y antecedentes desde 1915, nada de extraño tiene que tanto la mitificación del fundador, como el futurismo activista y aún el mito de la violencia viniesen de la mano de aquellas tendencias que se presentaban con un fuerte carga de redentorismo político y social. La mayoría de estos elementos los vemos en el movimiento ultraísta. Así la exacerbada apología de Rafael Cansinos-Asséns, el fundador, el apóstol, el alfarero de juventudes, que nos redimirá con su ultra. Isaac del Vando termina El triunfo del ultraísmo, ya citado, con un estentóreo Viva Cansinos-Asséns, a la vez que Miguel Romero lo llama ¡Oh Rafael, gran maestro y apóstol, tierno y clarividente a lo Vinci!, a la vez que le enviaba ardientes vítores y la pedía el último puesto en la augusta Falange. El futurismo activista tiene múltiples manifestaciones en la reiteración con que se proclaman situados en la vanguardia del porvenir y confían, mediante su carisma revolucionario en el triunfo del ideal. No tiene por qué ser casual tampoco la recurrente invocación de D'Annunzio, citado por el propio Cansino-Asséns, como antes vimos, entre los firmes antecedentes del movimiento. Nosotros los ultraístas -dirá Isaac del Vando- , con nuestro amado Cansinos, como los granaderos italianos que siguen a D'Annunzio, seguimos gloriosamente en la vanguardia ultraica…
En cuanto al espíritu combativo, ya lo hemos visto con anterioridad. Baste, por todas, la cita de Pedro Garfias en la reseña de nuestra Fiesta del Ultra : yo os predico el odio y la guerra a los viejos… porque ha empezado ya la batalla y el aire se puebla con nuestros gritos de victoria. Esta violencia tuvo un estrambote más o menos anecdótico, pero significativo. Después de la Fiesta del Ultra se celebraron en el Ateneo dos veladas más, como antes adelantábamos. El 4 de febrero de 1920 con una nueva lectura de Adriano del Valle y poco después una última y tempestuosa el 2 de marzo del mismo año, de cuyo colofón nos informó Juan González Olmedilla en Grecia XLII, de 20 de marzo con el título La Epopeya del Ultra. Gesta Primera. Nos cuenta que se encontraban los poetas ultraístas, ya avanzada la noche, en la Plaza Nueva, tras la velada en el Ateneo, en la que había intervenido Pedro Garfias, cuando los cuatro noctívagos (Garfias, Adriano, Isaac y el propio cronista) se sintieron apoderados por un vértigo iconoclasta. Por lo pronto comenzaron a tirar piedras contra el lugar que había de ocupar la proyectada estatua del rey bárbaro, merced a cuyo esfuerzo Sevilla atrasó unos siglos el camino de su civilización. Recrea con gracia, de manera anticipada, la inauguración de la estatua a San Fernando, con alusión, entre otros a Santiago Montoto, el peor ripio de su padre y da cuenta a continuación de cómo se dirigieron a la casa de Luis Montoto en la calle Levíes con aviesas intenciones y de que al comprobar que había cambiado de domicilio y tras averiguar que se encontraba en la calle Borceguinería numero 47, allí se dirigieron y apedrearon las ventanas del domicilio. Cenamos al alba -concluye- para celebrar la primera gesta de la epopeya ultraica, reponer nuestras fuerzas y proyectar la segunda razzia…
El ultraísmo fue desvaneciéndose, aunque sus logros y significado no se apagaran definitivamente. No hay constancia de que en el Ateneo volviera a celebrarse ninguna otra velada semejante; pero el Ateneo continuaba su época de esplendor. En aquellas mismas fechas, Gerardo Diego escribía en Grecia XLVI, de 15 de julio de 1920, ya en los últimos momentos de la Revista, su Intencionario y en él decía: el arte tradicional no ha muerto; seguirá evolucionando. Los esfuerzos de creación de un arte nuevo inicial, en otro plano (cubismo, creacionismo, etc.), no estorban su desenvolvimiento, por lo mismo que están en otro plano. Es más: el mismo artista puede simultanear el arte nuevo y el antiguo (ejemplo: Picasso), y hasta tal vez le convenga. Siempre se pudo escribir en verso y en prosa. Hablar directamente y por teléfono. Beber y fumar (ya lo dijo Apollinaire). Cuidemos de que el manantial brote limpio y cristalino, aunque humilde y escaso. Ya nos llegará la ocasión de convertirlo en catarata torrencial. Pero ¡por Dios! Que no salga turbio. Que sea el agua nuestro símbolo.
Serenadas las aguas, el Ateneo siguió su curso. En 1921 ingresó en él Luis Cernuda. Le avalaban la solicitud manuscrita Pedro Salinas y José María Izquierdo. En 1922, ingresaba Joaquín Romero Murube. En el año 1927 presidía el Ateneo un hombre brillante, poliédrico y excepcional: Manuel Blasco Garzón y presidía la Sección de Literatura, un excelente médico humanista y escritor, José María Romero Martínez. Probablemente a instancias de este último pensó el Ateneo organizar un homenaje a Góngora con motivo del tercer centenario de su muerte e invitar a los más importantes poetas del momento…
Esta trilogía deberá tener, y así nos lo proponemos, un brillante epílogo: Homenaje a los actos celebrados en el Ateneo de Sevilla en recuerdo de Luis de Góngora en el mes de diciembre de 1927…, o algo así.
Nuestra gratitud a quienes nos han apoyado con su desinteresada colaboración en este nuevo proyecto cultural y a cuantos han hecho posible este libro con diversas colaboraciones y apoyos; y nuestra esperanza en que la vinculación del Ateneo de Sevilla con la poesía española produzca nuevos frutos que puedan ser recordados en el todavía lejano siglo XXII.

El Presidente del Ateneo de Sevilla
Enrique Barrero González

 

En Robles Placentines, invitados por D. Juan Robles, se celebró el acto de presentación del libro con la presencia de algunos de los poetas intervinientes en el Homenaje. En la imagen, junto al Presidente del Ateneo Enrique Barrero González.

 

Sevilla, mayo de 2008



 
 
 
 
 

 

 

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