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Portada
de la obra.
Prólogo de Enrique Barrero González:
En los dos años inmediatos anteriores, 2006 y 2007,
hemos rendido homenaje, respectivamente, a la Fiesta del Soneto
celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1912 y a la Fiesta Literaria
de la Belleza Andaluza celebrada en el Ateneo de Sevilla en
1923; y lo hemos hecho mediante la publicación de dos
libros en los que destacados poetas han querido rendir con
sus poemas estos tributos de reconocimiento al significado
histórico de aquellas dos Fiestas y también
a la extraordinaria vinculación del Ateneo con la poesía
desde su propia fundación en 1887. Ahora completamos
lo que ya constituye una bella trilogía con un Homenaje
a la Fiesta del Ultra celebrada en el Ateneo de Sevilla en
1919, también con la presencia de muchos poetas que
han accedido generosamente a nuestro ruego, como en las dos
ocasiones anteriores. Nos quedará todavía, a
modo de epílogo de este proyecto cultural, rendir el
homenaje que merecen las famosas reuniones poéticas
de 1927, que tan profunda trascendencia tuvieron y mantienen
en el ámbito de la historia de la poesía española.
Debo dedicar en estos momentos unas breves líneas a
la presencia del Ultraísmo en nuestra Casa, puesto
que tuvo en el Ateneo una proyección especial antes
de la gran ocasión de 1927. Después de la presencia
en el Ateneo de Juan Ramón Jiménez, tan recordada,
y tras el ambiente literario y cultural que había introducido
en el Ateneo José María Izquierdo y que tuvo
su principal expresión en los jóvenes poetas
componentes del Pasillo de los Chiflados, donosamente relacionados
por Rogelio Buendía en sus dos conocidos sonetos alejandrinos,
llegaron, por fin, a nuestra Casa los vanguardistas, los escandalosos,
los ultraístas, a los que según nos decía
Jorge Urrutia en su Discurso de apertura del curso 2002-2003
había franqueado las puertas Felipe Cortines Murube,
a la sazón presidente de la Sección de Literatura,
el día 13 de febrero de 1919.
La relación del Ateneo con los ultraístas deriva
fundamentalmente de dos circunstancias: de la celebración
en nuestra Casa de la denominada Fiesta del Ultra, a la que
ahora mediante este libro conmemoramos y rendimos homenaje
y del hecho de que la mayoría de los poetas que participaron
y representaron la innovadora tendencia poética en
Sevilla eran ateneístas y como tales se reconocían.
La Fiesta del Ultra tuvo lugar el día 2 de mayo de
1919, aunque antes le precedieron cinco veladas poéticas,
también expresivas de la misma tendencia, organizadas
en nuestro Salón de Actos por la revista Grecia, principal
órgano de difusión del nuevo movimiento, que
había sido creada pocos meses antes y cuyo primer número
había visto la luz en Sevilla el día 12 de octubre
de 1918.
La primera velada se celebró el día 13 de febrero
de 1919, con una lectura de poemas del entonces joven poeta
Salvador Fernández Álvarez. La segunda tuvo
lugar pocos días más tarde, el 18 de febrero,
con lectura de poemas de Tomás Salvador Aguilar, vicepresidente
de la Sección de Literatura. En la tercera, el inmediato
día 22 de febrero, se oyeron los poemas de Adriano
del Valle y en las dos siguientes, los días 22 de marzo
y 2 de abril del mismo año 1919 los de Pedro Raida.
Los cuatro poetas mencionados tuvieron un amplio desarrollo
personal en el Ateneo. En efecto, la presencia de Salvador
Fernández Álvarez, al que he denominado recientemente
un poeta escolapio y ateneísta lo encontramos hasta
fechas muy posteriores, bien pasada la guerra civil, vinculado,
ya por ejemplo a Juan Rodríguez Mateo y a nuestro presidente
José Salvador Gallardo , ya en reseñas sobre
él que conservamos en nuestro archivo como la de una
Revista Calasanz del Colegio de los Escolapios en los que
cursó su bachillerato, que lo definía como reputado
doctor, especialista en dermatología, brillante periodista,
colaborador asiduo de ABC, artífice de una prosa afiligranada
y colorista, pero ante todo exquisito poeta
autor de
libros tan bellos como Cristales, Siluetas líricas,
Sol y nubes, Senderos, Breviario lírico de Sevilla
y otros varios.
Tomás Salvador Aguilar nos dejó, como más
preciado recuerdo, su emocionada participación, pocos
años después de la lectura a que aquí
nos referimos, en la Velada Necrológica que se celebró
el día 14 de junio de 1923 en homenaje a José
María Izquierdo, muerto en plena juventud el día
8 de julio de 1922. Siempre nos conmueve recordar su comienzo:
Eterno divagador
de la Ciudad de la Gracia
gran amador de Sevilla
cortejador de la Verdad,
de la Bondad
y la Belleza,
las tres Gracias sin mancilla.
Pasaste
tan quedo
tan alado,
tan sutil,
que apenas planta posaste
en el suelo;
pasaste
sin ruido,
como una brisa de abril,
como una estrella en el cielo
De Adriano del Valle nos queda su semblanza en nuestros Diccionarios
de ateneístas, debida a la pluma y a la sensibilidad
de María Sanz . Su presencia en la velada citada fue
glosada días después por Luis Mosquera en lo
que constituye una bella semblanza del poeta en el momento
en que se redacta, hecha, desde luego, en los términos
más elogiosos: Él es el futuro cantor de todas
las tradiciones latinas; él es el que puede concentrar
en su verbo la herencia fastuosa y luminosa de las islas griegas;
él es el que sobre una barca enguirnaldada de rosas
puede elevar su vida más allá de las musicales
olas mediterráneas, porque Adriano del Valle lleva
en sus ojos un deslumbramiento, como el que ha mirado al sol,
cara a cara, sin pestañear.
El austriaco Pedro Raida estuvo presente en el Ateneo durante
bastantes años. Antes de esta lectura ya había
intervenido en diversos actos, en la presentación de
sus libros Ensueño y realidad (1913), o en lecturas
de sus novelas Jorge y María (1914) y La ciudad de
todos los amores (1916) y continuó vinculado a la Casa
en los años siguientes a 1919. En muchas ocasiones
el grado de ateneísmo de muchos de sus contemporáneos
se mide por sus vinculaciones con José María
Izquierdo, el ateneísta por excelencia, pues no en
vano la mayoría de las numerosas críticas literarias
del autor de Divagando por la Ciudad de la Gracia y
Por
la parábola de la vida son, como he señalado
en otra ocasión, críticas de amistad . En este
extremo el ateneísmo de Pedro P. Raida ofrece pocas
dudas, pues así lo revela la Carta-prólogo de
La Ciudad de todos los amores, que incluye Relieves
sin relieve , en la que Izquierdo llama reiteradamente a Raida
su amigo.
De la Fiesta del Ultra nos dejó una breve crónica
Adriano del Valle (Adrianus) en la Revista Grecia número
XV, de 10 de mayo del propio año 1919. Se celebró
-nos decía- bajo la égida espiritual de Rafael
Cansinos-Asséns, el condestable del Ultra, que había
enviado para la ocasión algunos poemas a los que se
dio lectura. Su desarrollo aparece en la propia crónica.
Tomaron parte en ella -añade- además de la redacción
de Grecia los distinguidos escritores Pedro Luis de Gálvez,
Juan G. de Olmedilla y Pedro Garfias.
El acto comenzó, si seguimos la crónica, con
la lectura de unas originales cuartillas de Pedro Luis de
Gálvez, que fueron aplaudidísimas, acerca de
las nuevas normas literarias y que posteriormente fueron incluidas
en el número XVI de la Revista : El joven y admirable
poeta Pedro Garfias -continúa- uno de los más
fervorosos discípulos de Rafael Cansinos-Asséns,
recitó magistralmente un bello poema del precursor
del Ultra, Guillermo Apollinaire; otro no menos bello de Cansinos-Asséns,
el admirable alfarero de juventudes; unas poesías de
Adriano del Valle y finalmente unos poemas del propio Garfias,
enormemente líricos y emotivos, que fueron calurosamente
elogiados. Continúa el cronista relatando que el culto
literato Miguel Romero Martínez, leyó su fidelísima
versión de la Canción del automóvil de
Marinetti: Y, entre otros, Canción del aeroplano, de
su hermano José María, años más
tarde inspirador de la reunión de poetas del 27 . Leyó
también el poema de Las calles triunfales, del director
de la Revista Isaac del Vando, y su propio Scherzo Ultraísta,
que ya había incluido en Grecia número XIII,
de 15 de abril de 1919, al que luego nos habremos de referir
Juan González Olmedilla, otro de los jóvenes
poetas, según afirma la crónica, que recientemente
ha profesado en los nuevos ritos líricos del Ultra,
leyó a continuación unas ingeniosas cuartillas
que fueron premiadas con aplausos calorosos
Cerró el ciclo lírico Pedro Garfias con unas
emocionadas palabras de salutación al apóstol
del Ultra y a los discípulos ausentes que fueron coronados
por una nutridísima salva de aplausos. El acto terminó
dentro del mayor entusiasmo.
El cronista lamenta en fin, como nosotros ahora lamentamos
igualmente, que por falta de espacio, no hubiese podido dar
a su reseña mayor extensión.
Después de la Fiesta del Ultra volvieron a celebrarse
otras dos veladas, pero antes de detenernos en ellas para
aludir a su sorprendente desenlace, debemos decir unas palabras,
con la brevedad que la ocasión requiere, sobre el movimiento
ultraísta, de cuya tendencia literaria Sevilla hizo
de espejo ustorio, como definiría José María
Izquierdo por medio de la revista Grecia y, como hemos visto,
del Ateneo sevillano.
Antes del acto principal celebrado el 2 de mayo en nuestro
Ateneo se habían ya producido en diciembre de 1918
las declaraciones de Cansinos-Asséns a Xavier Bóveda
en El parlamentario, práctico comienzo de la nueva
tendencia poética y el manifiesto literario, que volvió
a aparecer en Grecia, número XI, de 15 de marzo de
1919.
El movimiento, que así lo llamaban, se inserta desde
luego, en las literaturas de vanguardia que España
no produce en primera instancia y que se trasvasan desde los
países en que surgen , aunque Pedro Gálvez en
las cuartillas ya citadas rechazaba que la tendencia ultraica
fuese de importación extranjera, si bien lo parece
a la primera mirada: los precedentes de Marinetti, Apollinaire,
Max Jacob y otros no fueron sino precedentes. El propio Cansinos-Asséns,
el creador de Ultraísmo, nos dejó, sin embargo,
el conjunto de antecedentes que lo producen, en las palabras
que transcribe Alberto de Segovia en Haciéndonos Justicia.
El Ultraísmo : Las tendencias superatrices de Nietzsche,
D'Annunzio, Walt Whitman, Emerson, Verhaeven; el futurismo
de Marinetti, el dinamismo manifestado en la lírica
con los temas de las conquistas de la mecánica, la
vida intensa, los aeroplanos, Guillermo Apollinaire, en su
conjunción con el arte abstracto o ideal, las obras
de Mallarmé, Pedro Reverdy; el Creacionismo de Vicente
Huidobro; Tristán Zara, Max Jacob, F. Picabia, Jean
Cocteau, la revista "Antología Dada" de Zurich,
y el Nor-Sud, de Paris... han producido el Ultra que es algo
que está más allá del novecentismo. Busca
sus motivos en la vida intensa y el arte abstracto; utiliza
el verso libre; admite todas las posibilidades. Extrae elementos
del futurismo, del dinamismo, del creacionismo que trajo Vicente
Huidobro a Madrid en su valija diplomática de novedades
líricas el año 1918.
Es en este contexto vanguardista donde ha de surgir, tras
el intenso drama vivido por Europa en la gran guerra y la
crisis del modernismo, lo que Rogelio Reyes y Paulino González,
a propósito del director de Grecia, en la obra ya citada,
llaman una interesante pirueta estética, la más
llamativa vanguardia del momento, la renovación literaria
autodenominada Ultra, nacida con el propósito de ofrecer
un arte nuevo que supla la última evolución
literaria, el novecentismo, es decir con una voluntad de ruptura
con los patrones estéticos del fin de siglo.
En el manifiesto literario que da origen a la tendencia, tras
las declaraciones de Cansinos-Asséns a Bóveda,
se utiliza todavía un tono de moderación: pretenden
rebasar la meta alcanzada por los primogénitos (los
grandes figuras de este movimiento), a la vez que afirman
que en nuestro credo cabrán todas las tendencias sin
distinción, con tal que expresen un anhelo nuevo...
nuestra literatura debe renovarse, debe lograr su ultra como
hoy pretenden lograrlo nuestro pensamiento científico
y político.
En el mismo sentido Gálvez proclamaba en las cuartillas
citadas: no quiere decirse que el Ultra desdeñe o abomine
de la forma. Ningún escritor de lengua castellana más
delicado y sutil en la forma que Cansino-Asséns. Lo
que desdeñamos nosotros no es la forma: es la imitación
servil de los antiguos, el amaneramiento literario... Los
plagiadores de los clásicos me representan a Brocas
partiéndose una pierna para imitar la cojera de Romanones.
No tardó, sin embargo, en radicalizarse la tendencia
y en abandonar las pautas de moderación con que inicialmente
se presentaba, con el repudio absoluto de todo lo que no fuera
cuanto ellos preconizaban. Garfias ya aludía en La
Fiesta del Ultra al asombro de los filisteos y preguntaba
¿No creéis llegado ya el momento de la severa
revisión de valores? ¿O es que queda aún
en vosotros una sombra de respeto para los viejos que nos
odian y crispan los puños, esperándonos? Ellos
ocupan injustamente nuestros puestos... pero no les valdrá.
Oh afines, no les valdrá porque han empezado ya las
batallas y el aire se puebla con nuestros gritos de victoria.
El mismo tono utiliza Isaac del Vando en su Manifiesto Ultraísta
cuando se refiere a Valle-Inclán, Azorín y Ricardo
León: son los que representan en nuestras letras el
pasado triste, nos tienen usurpado el puesto preeminente a
que somos acreedores. Porque ellos son unos plagiadores conscientes
e inconscientes de nuestros clásicos y ninguna cosa
nos han revelado ni podrán revelárnosla ...
ante los eunucos novecentistas desnudamos la Belleza apocalíptica
del Ultra, seguros de que ellos no podrán romper jamás
el himen del Futuro. Cuando más tarde, ya la Revista
en Madrid , proclamaba para ella un futuro literario de continuidad
que no pudo cumplirse , los ataques personales toman expresiones
sorprendentes: Grecia continuará publicándose,
para afrontar una vez más, a los mercaderes y a los
académicos gotosos e idiotas y simultáneamente
para revelar los esfuerzos innovadores de la generación
ultraísta. Incluso un espíritu tan sensible
como el de Miguel Romero Martínez se llegó a
contagiar, como una especie de sarampión juvenil, tan
lejos todavía su cátedra de latín ganada
y perdida y los horrores sufridos en la guerra, de un lenguaje
desproporcionado y absurdo: En su Scherzo Ultraísta,
que recogió Grecia número XIII, de 15 de abril
de 1919 así decía, por ejemplo:
Si se renueva el mundo
si advendrá el nuevo hombre
¿no es imbécil que conservemos las momias
cuando el alcohol va a andar tan escaso?
Enterremos los fetos en cal viva,
Volemos sus cenáculos con dinamita
...
Emplumenos y ahorquemos
a los facedores de quintillas
¡Qué no quede uno
de la vil ralea!
La deriva que menciono tiene, sin duda, mucho que ver con
lo que podríamos denominar, con alguna imprecisión,
el aspecto político del ultraísmo, lo que requiere
una explicación.
José María Izquierdo, que se refirió
al anhelo ultraico en el epígrafe ya citado de Relieves
sin relieve, como ese raro modo, esa moda peregrina, esa insólita
modalidad de arte, ese arte exótico de estro extraño
y extravagante estilo
, se cuidó, sin embargo,
de no dejarse seducir por prejuicios, y se abstuvo, por falta
de tempero, de hacerle crítica alguna; por otra parte,
al dejarse llevar por su habitual estilo divagatorio, terminó
afirmando que el anhelo ultraico es esencialmente una aspiración
religiosa, puesto que sólo dentro del orden religioso
podemos sentirnos plenamente ultraístas, tras cuya
declaración, tan alejada del inicial comentario literario
sobre la nueva manera de arte, de inédito prurito estético
a que se refería, concluyó con la alusión
al profundo simbolismo de la leyenda plus ultra, emblema del
escudo del Ateneo, merced al gesto heroico, a la gesta aventurera,
al anhelo ultraico de los descubridores y colonizadores del
mundo ultramarino.
Con independencia de que el ultraísmo literario no
fuese, en ningún caso, una religión ni eso pretendieran
sus fundadores y oficiantes, sí parece, en cambio,
que sus gestos y sus formas, es decir al menos en la captación
de una música que ya estaba en el aire, lo acercaban
a los de las tendencias ideológicas y políticas
que habían comenzado a hacerse patentes en Italia.
Si como afirma María Dolores Ramírez Almazán
el fascismo italiano se extiende a todo el período
comprendido entre las dos guerras mundiales, con constitución
en 23 de marzo de 1919 y antecedentes desde 1915, nada de
extraño tiene que tanto la mitificación del
fundador, como el futurismo activista y aún el mito
de la violencia viniesen de la mano de aquellas tendencias
que se presentaban con un fuerte carga de redentorismo político
y social. La mayoría de estos elementos los vemos en
el movimiento ultraísta. Así la exacerbada apología
de Rafael Cansinos-Asséns, el fundador, el apóstol,
el alfarero de juventudes, que nos redimirá con su
ultra. Isaac del Vando termina El triunfo del ultraísmo,
ya citado, con un estentóreo Viva Cansinos-Asséns,
a la vez que Miguel Romero lo llama ¡Oh Rafael, gran
maestro y apóstol, tierno y clarividente a lo Vinci!,
a la vez que le enviaba ardientes vítores y la pedía
el último puesto en la augusta Falange. El futurismo
activista tiene múltiples manifestaciones en la reiteración
con que se proclaman situados en la vanguardia del porvenir
y confían, mediante su carisma revolucionario en el
triunfo del ideal. No tiene por qué ser casual tampoco
la recurrente invocación de D'Annunzio, citado por
el propio Cansino-Asséns, como antes vimos, entre los
firmes antecedentes del movimiento. Nosotros los ultraístas
-dirá Isaac del Vando- , con nuestro amado Cansinos,
como los granaderos italianos que siguen a D'Annunzio, seguimos
gloriosamente en la vanguardia ultraica
En cuanto al espíritu combativo, ya lo hemos visto
con anterioridad. Baste, por todas, la cita de Pedro Garfias
en la reseña de nuestra Fiesta del Ultra : yo os predico
el odio y la guerra a los viejos
porque ha empezado
ya la batalla y el aire se puebla con nuestros gritos de victoria.
Esta violencia tuvo un estrambote más o menos anecdótico,
pero significativo. Después de la Fiesta del Ultra
se celebraron en el Ateneo dos veladas más, como antes
adelantábamos. El 4 de febrero de 1920 con una nueva
lectura de Adriano del Valle y poco después una última
y tempestuosa el 2 de marzo del mismo año, de cuyo
colofón nos informó Juan González Olmedilla
en Grecia XLII, de 20 de marzo con el título La Epopeya
del Ultra. Gesta Primera. Nos cuenta que se encontraban los
poetas ultraístas, ya avanzada la noche, en la Plaza
Nueva, tras la velada en el Ateneo, en la que había
intervenido Pedro Garfias, cuando los cuatro noctívagos
(Garfias, Adriano, Isaac y el propio cronista) se sintieron
apoderados por un vértigo iconoclasta. Por lo pronto
comenzaron a tirar piedras contra el lugar que había
de ocupar la proyectada estatua del rey bárbaro, merced
a cuyo esfuerzo Sevilla atrasó unos siglos el camino
de su civilización. Recrea con gracia, de manera anticipada,
la inauguración de la estatua a San Fernando, con alusión,
entre otros a Santiago Montoto, el peor ripio de su padre
y da cuenta a continuación de cómo se dirigieron
a la casa de Luis Montoto en la calle Levíes con aviesas
intenciones y de que al comprobar que había cambiado
de domicilio y tras averiguar que se encontraba en la calle
Borceguinería numero 47, allí se dirigieron
y apedrearon las ventanas del domicilio. Cenamos al alba -concluye-
para celebrar la primera gesta de la epopeya ultraica, reponer
nuestras fuerzas y proyectar la segunda razzia
El ultraísmo fue desvaneciéndose, aunque sus
logros y significado no se apagaran definitivamente. No hay
constancia de que en el Ateneo volviera a celebrarse ninguna
otra velada semejante; pero el Ateneo continuaba su época
de esplendor. En aquellas mismas fechas, Gerardo Diego escribía
en Grecia XLVI, de 15 de julio de 1920, ya en los últimos
momentos de la Revista, su Intencionario y en él decía:
el arte tradicional no ha muerto; seguirá evolucionando.
Los esfuerzos de creación de un arte nuevo inicial,
en otro plano (cubismo, creacionismo, etc.), no estorban su
desenvolvimiento, por lo mismo que están en otro plano.
Es más: el mismo artista puede simultanear el arte
nuevo y el antiguo (ejemplo: Picasso), y hasta tal vez le
convenga. Siempre se pudo escribir en verso y en prosa. Hablar
directamente y por teléfono. Beber y fumar (ya lo dijo
Apollinaire). Cuidemos de que el manantial brote limpio y
cristalino, aunque humilde y escaso. Ya nos llegará
la ocasión de convertirlo en catarata torrencial. Pero
¡por Dios! Que no salga turbio. Que sea el agua nuestro
símbolo.
Serenadas las aguas, el Ateneo siguió su curso. En
1921 ingresó en él Luis Cernuda. Le avalaban
la solicitud manuscrita Pedro Salinas y José María
Izquierdo. En 1922, ingresaba Joaquín Romero Murube.
En el año 1927 presidía el Ateneo un hombre
brillante, poliédrico y excepcional: Manuel Blasco
Garzón y presidía la Sección de Literatura,
un excelente médico humanista y escritor, José
María Romero Martínez. Probablemente a instancias
de este último pensó el Ateneo organizar un
homenaje a Góngora con motivo del tercer centenario
de su muerte e invitar a los más importantes poetas
del momento
Esta trilogía deberá tener, y así nos
lo proponemos, un brillante epílogo: Homenaje a los
actos celebrados en el Ateneo de Sevilla en recuerdo de Luis
de Góngora en el mes de diciembre de 1927
, o
algo así.
Nuestra gratitud a quienes nos han apoyado con su desinteresada
colaboración en este nuevo proyecto cultural y a cuantos
han hecho posible este libro con diversas colaboraciones y
apoyos; y nuestra esperanza en que la vinculación del
Ateneo de Sevilla con la poesía española produzca
nuevos frutos que puedan ser recordados en el todavía
lejano siglo XXII.
El Presidente del Ateneo de Sevilla
Enrique Barrero González
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