ACTO DE HERMANAMIENTO ENTRE EL
ATENEO DE SEVILLA Y EL ATENEO DE PUERTO RICO
En el marco del Otoño Cultural Iberoamericano, que organiza
y dirige la Fundación Caja Rural del Sur, se ha celebrado
en el Ateneo de Sevilla el acto de su hermanamiento con el Ateneo
de Puerto Rico.
Estuvieron en la mesa presidencial los Presidentes de los Ateneos
de Sevilla y de Puerto Rico, Enrique Barrero González y Eduardo
Morales Coll, respectivamente; el Director de la Fundación,
Jaime de Vicente Núñez, y la directiva del Ateneo
Enriqueta Vila Vilar, historiadora americanista e investigadora
del CSIC.
El acto se desarrolló con breve solemnidad en presencia de
ateneístas y de una nutrida representación puertorriqueña,
presente en las actividades del Otoño Cultural.
El Presidente del Ateneo de Sevilla entregó al de Puerto
Rico la Medalla del Ateneo, tras la firma del acta de hermanamiento
y obsequió al Director de la Fundación y al Presidente
del Ateneo puertorriqueño con la reproducción de una
antigua orla del pintor ateneísta José García
Ramos, con la constancia del acto celebrado.
El Presidente del Ateneo de Sevilla justificó el hermanamiento
con las palabras que se reproducen a continuación, contestadas
por el Sr. Morales Coll. Enriqueta Vila, por su parte, consumió
un breve turno en el que destacó las intensas relaciones
históricas existentes entre Puerto Rico y Sevilla.
El acto se cerró con la intervención de Jaime de Vicente,
quien expuso las líneas fundamentales de los Otoños
Iberoamericanos que la Fundación organiza y destacó
las relevantes aportaciones culturales de ambos Ateneos.
Excmo. Sr. Presidente del Ateneo de Puerto Rico, Directivos
y miembros de los Ateneos de Puerto Rico y de Sevilla. Señoras
y señores:
En el año 1887, el día 6 de marzo, cercana ya
la primavera sevillana, nacía en Sevilla una Asociación
Cultural que estaba llamada a recorrer una brillante andadura al
servicio de las artes, de las ciencias y de las letras. Hija de
la Ilustración, hermana menor de la Universidad, partícipe
del pensamiento y del ideario más avanzado, venía
a remover las aguas estancadas de una situación y de una
mentalidad ajenas a toda idea de progreso y de reforma y a constituirse
en punta de lanza para la mejora moral y material del hombre y de
la Sociedad. Una institución libre, plural, dialogante y
democrática, cuyos principios institucionales guardan, por
cierto, plena sintonía con los que casi un siglo más
tarde habría de alumbrar nuestra actual Constitución
de 1978.
Cuando el Ateneo nació aquella tarde del mes de marzo, en
otro lugar de las Españas, muy alejado geográficamente
pero muy cercano al corazón de esta Ciudad que fue "Puerta
y Puerto de las Américas", en la Ciudad de Puerto Rico,
ya existía otro Ateneo desde el año 1876 creado por
Manuel de Elzaburo y Vizcarrondo, un hombre hermano espiritual de
nuestro Manuel Sales y Ferré, que, como de él se ha
escrito, "se impresionaba vivamente leyendo una buena poesía
o un trozo de excelente prosa, contemplando un cuadro hermoso o
sintiendo la sugestión de una bella obra musical". Un
hombre de espíritu profundamente tolerante y de arraigadas
convicciones democráticas, que, con independencia de sus
íntimas vinculaciones afectivas con España, amaba
entrañablemente a su Patria.
En aquel Ateneo también halló acogida el "espíritu
de vanguardia" y en sus concretas circunstancias, la afirmación
de una conciencia nacional que estaba en la dirección en
la que soplaban los vientos de la historia en sus inapelables desenvolvimientos.
La creación posterior por el propio Ateneo de la Institución
de Enseñanza superior, en 1888, la superación, como
nosotros, de las naturales crisis internas, el crecimiento y afianzamiento
progresivo de su prestigio, su voz insobornable, hicieron que el
Ateneo fuese "parte esencial de la vida nacional puertorriqueña,
centro cultural imprescindible y bastión de la propia identidad
nacional de su país".
No hemos de desgranar aquí, por supuesto, su rica y dilatada
historia, para lo que no tendríamos tiempo, ni yo la debida
competencia. Tampoco podemos hacer detallada referencia a muchas
identidades que son fruto de espíritus y aspiraciones comunes.
Basta un dato, si queréis anecdótico. Entre sus cuarenta
y ocho fundadores aparece Raimundo Camprubí, apellido que
algo tiene que ver con el nombre de una Fundación moguereña
que hace poco nos ha hecho el honor de imponernos el Perejil de
Plata, la más preciada distinción Juanramoniana que
la propia Fundación concede.
¿Qué es ser ateneísta?, ¿Cuál
es la razón de ser del Ateneo? ¿Cuál es su
importante y necesaria proyección hacia el futuro?, se preguntaba
Eladio Rodríguez Otero en un bello e interesante análisis
de la Historia y del significado del Ateneo Puertorriqueño;
preguntas que contesta con ideas y palabras que en las diversas
circunstancias, podríamos aplicarnos también en nuestro
caso.
Hoy hemos tenido la fortuna de tener aquí con nosotros al
Presidente de aquel Ateneo que tan relevantes servicios ha prestado
a las Ciencias, las Artes y las Letras. Don Eduardo Morales Coll
es un prestigioso abogado, que se ha definido a sí mismo
como "un estudiante de Derecho y un aprendiz de poeta";
y que, con independencia de su intensa actividad profesional, ha
hecho de los conocimientos humanísticos, de la cultura, de
la literatura, de la música, el centro de su actividad no
profesional y de su propia vida. En ello lleva ya muchos años
de servicio a su Ateneo, a su país y a la sociedad.
Con este Ateneo y con este presidente nos hemos encontrado en el
marco del Otoño Cultural Iberoamericano que patrocina y organiza
la Fundación Caja Rural del Sur, tan entrañablemente
unida a nosotros.
La generosidad de la Fundación y de su director, el ateneísta
Don Jaime de Vicente Núñez, ha propiciado que los
dos Ateneos hayamos coincidido con nuestros propósitos y
esperanzas comunes y que hayamos decidido, por ello, formalizar
un hermanamiento que es tanto reconocimiento de gloriosos pasados
como esperanza de desarrollos y proyectos futuros.
Vamos a formalizar, por tanto, el anunciado hermanamiento, con la
firma de un documento ante tan cualificado auditorio. Dice así:

En presencia de Jaime de Vicente Núñez
Director de Fundación Caja Rural del Sur
Dejadme ahora que antes de ceder la palabra a Don Eduardo me permita
entregarle la Medalla de nuestra Institución y una orla artística,
expresión de pasados esplendores de nuestra Sección
de Bellas Artes, que deje constancia de cuanto aquí realizamos.
Imágenes del acto:
 |
| De izquierda a derecha: Enriqueta Vila Vilar,
Eduardo Morales Coll, Enrique Barrero González, Jaime
de Vicente y Ramón-Darío Molinary |



Sevilla, noviembre de 2009
|