PRESENTACIÓN EN EL ATENEO
DE UNA ANTOLOGÍA DE JOSÉ MARÍA ROMERO MARTÍNEZ
Ha tenido lugar en el Ateneo la presentación
del libro de Eloy Navarro Domínguez Obra poética
de José María Romero Martínez, editado
por la Fundación Caja Rural del Sur en su prestigiosa colección
"La espiga dorada".
El libro contiene un breve prólogo del
Presidente del Ateneo, Enrique Barrero González, en el que
da cuenta de la extraordinaria vinculación del Ateneo con
los hermanos José María y Miguel Romero Martínez,
dos de los más gloriosos ateneístas del siglo pasado.

José María Romero era presidente
de la Sección de Literatura del Ateneo que, junto al presidente
del Ateneo, Manuel Blasco Garzón, convocó la famosa
reunión poética que dio nombre a la Generación
del 27. José María Romero aparece en la foto de la
Generación a la derecha del presidente Blasco Garzón
(izquierda del espectador).

Reproducimos a continuación el prólogo
del Presidente del Ateneo y la fotografía sobre al acto de
presentación del libro publicada en ABC de Sevilla.
La Fundación
Caja Rural del Sur, que, con tan notable acierto dirige el ateneísta
Jaime de Vicente Núñez, viene colaborando asiduamente
con las tareas culturales del Ateneo de Sevilla con un bien definido
mecenazgo que tiene, al menos, una solemne expresión anual
en un importante concierto que organiza y lleva a cabo en nuestra
sede. También en otras colaboraciones literarias y de ahí
que ahora haya tenido la generosidad de unir el nombre del Ateneo
a la edición de este libro en el que me otorga el honor y
la satisfacción de abrirlo con unas líneas institucionales.
Digo bien al decir satisfacción, puesto que nada que se refiera
a la familia Romero Martínez me puede dejar indiferente.
Tengo ya relatada en alguna ocasión mi entrañable
relación desde hace muchos años hasta su muerte con
el Profesor de "Derecho Político" de nuestra universidad
Manuel Romero Gómez, sobrino carnal de los hermanos Miguel
y José María Romero Martínez; relación
que también fue muy íntima con el hijo de José
María Romero, Ramón Romero Rossi, todavía recientemente
fallecido, compañero durante muchos años en el servicio
profesional al Ayuntamiento de esta ciudad; y que lo es de profundo
afecto y respeto, aún ahora afortunadamente, con las hermanas
Sánchez-Cid Romero, igualmente sobrinas carnales del propio
José María e hijas de Agustín Sánchez-Cid,
nuestro ex presidente, al que debemos el impagable regalo de la
Atenea que preside y presidirá siempre nuestro salón
de actos.
Había oído hablar mil veces de los hermanos Romero
Martínez al sobrino Manolo, el profesor de la cátedra
que ahora se denomina de "Derecho Constitucional", ya
que él sentía una veneración, incluso un punto
obsesiva, por sus tíos, de los que nunca dejaba de hablar
en cualquier ocasión y con cualquier motivo. De Miguel, el
bibliófilo humanista de Divagando por la Ciudad de la Gracia,
lamentaba una y otra vez, su Cátedra de Latín ganada
en Madrid en los días anteriores al 18 de julio de 1936,
y luego inmediatamente perdida y nunca reconocida tras el desenlace
de la cruenta contienda civil. Fue Miguel profesor de Latín
en colegios de barriada, traductor de las Odas de Horacio, introductor
de Leopardi en España, autor de notables libros e infinidad
de artículos de prensa, astrónomo de vocación
y afortunado descubridor de la Nova Serpentis, poseedor de una excepcional
biblioteca y siempre ateneísta de corazón y de dedicación
plena.
De su tío José María, lloraba una y otra vez
el sobrino Manolo su trágica y absurda desaparición,
es decir, su asesinato, en el mes de septiembre de 1936. Médico
eminente, poeta fácil y brillante, escritor de relatos y
novelas cortas, ocasional gobernador interino de la Provincia en
aciagos días, no le salvó ni su hombría de
bien, ni su extraordinaria excelencia literaria, ni su lucha por
la sanidad pública, ni el crecido número de hijos
que ya tenía, ni siquiera las bellas y conmovedoras palabras
que había escrito sobre la inmaculada blancura del divino
cuerpo de Cristo en el capítulo V de su novela El último
madrigal, que dedicó a Luis Montoto. El maestro le acusó
recibo de la dedicatoria impresa: la novelita es una joya digna
de la concha en que se cuajó; y usted, mi querido poeta,
uno de los pocos ingenios que para escribir se lavan las manos y
el pensamiento. Si el hermano Miguel pudo definirse, con razón,
como el bibliófilo humanista, bien podemos calificar a José
María de médico humanista, puesto que, según
nos decía el ateneísta Alberto Máximo Pérez
Calero en conferencia pronunciada sobre él en los Reales
Alcázares, José María Romero siguió
siempre el expresivo lema que proclamaba el Dr. Letamendi: el médico
que sólo sabe de medicina, ten por cierto que ni aún
de medicina sabe.
José María Romero, en tiempos anteriores, perteneció
al famoso Pasillo de los Chiflados, que apacentaba en el Ateneo
el gran José María Izquierdo; pero cuando quedó,
ya para siempre, unido a la imperecedera historia de nuestra Casa,
fue en la gran ocasión de diciembre de 1927, cuando su feliz
iniciativa, de la mano también del brillante poliedro que
se llamó Manuel Blasco Garzón, nos propició
aquella reunión de poetas, y aquella foto famosa, que resultó
destino en el alumbramiento y gestación nominal de la Generación
famosa.
Don Jaime de Vicente y yo mismo teníamos la común
ilusión de dar a la luz esta excelente obra de Eloy Navarro,
propósito demorado por diversas circunstancias que felizmente
superadas, rinde ahora el espléndido fruto de este libro,
que viene a rescatar y a aportar nueva luz sobre la persona y la
obra de aquel ateneísta excepcional.
Entre sus cabellos
rubios
ha puesto flores de jara
y en el azul de sus ojos
promesas dulces y castas
Flores de jaras, varas de nardo, rosas y claveles ponemos en el
altar que custodia la memoria de los hermanos Romero Martínez.
Y ahora, en particular, de José María, que le ganó
para siempre al Ateneo la gloria de haber unido su nombre a la historia
de la Generación del 27 y de la poesía española.
Enrique Barrero
González
Presidente del Ateneo de Sevilla

Sevilla, diciembre de 2008
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