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COSAS DE SEVILLA

La Alcaldía de Sevilla y el Ateneo han reeditado Cosas de Sevilla, pequeño libro de 1952 que contiene los trabajos ganadores de los Premios José María Izquierdo de 1947 y 1951 respectivamente. El Premio de 1947 fue obtenido por Luis Gómez Estern con el trabajo "Estética de la arquitectura y jardinería en relación con el carácter tradicional y peculiar de Sevilla". El Premio de 1951 fue ganado por Manuel Justiniano y Martínez con su trabajo "La orientación urbana de Sevilla según el pensamiento de José María Izquierdo, deducido de su obra literaria".

El libro contiene las breves introducciones del Alcalde de Sevilla y del Presidente del Ateneo, que a continuación reproducimos:

"En estos días de principios del verano de 2004, Sevilla acaba de aprobar su nuevo plan General de Ordenación Urbanística. Ésta es la genuina carta de navegación con la que la ciudad se adentrará en el próximo decenio y sentará las bases de lo que será la Sevilla de este siglo. El nuevo PGOU define un modelo de ciudad humanista, en la que las personas son la medida de todas las cosas, una ciudad volcada hacia los espacios de convivencia y la cohesión social. Una ciudad, por tanto, en la que los barrios son el sostén de una realidad cotidiana más articulada, más equilibrada y más solidaria. Un modelo de ciudad en la que la calidad de vida es buscada tanto desde la sostenibilidad y el medio ambiente urbano como desde el fomento de la cultura y la promoción desde la gestión del territorio, a las actividades productivas y del empleo. Pero también un modelo de ciudad que apuesta por el desarrollo de sus proyectos claves de presente y de futuro, que son la clave para que Sevilla ejerza con eficacia su función de capital de Andalucía, y sostenga e incremente su imagen y su prestigio internacional. Todo ello siempre al servicio de la calidad de vida de sus vecinos.

Se trata del segundo PGOU de nuestra democracia y, a la vista de los excelentes resultados que le dio a Sevilla el PGOU de 1987, bien podemos ser optimistas en la seguridad de que estamos ante un segundo gran salto para la ciudad de, al menos, la misma magnitud del que se produjo en la primera parte de la década de los noventa.

Sin embargo, el urbanismo y Sevilla aparecieron evidentemente divorciados durante buena parte del siglo anterior. Concretamente a partir de los años cincuenta cuando, durante más de veinte años de manera ininterrumpida, el patrimonio histórico y artístico de la ciudad, su personalidad, y las misma cohesión social de Sevilla sufrieron en sus carnes toda la crudeza de los intereses especulativos, que no terminaron totalmente con Sevilla, no lo olvidemos, porque llegó la democracia. Podemos decir que parte de nuestra ciudad fue salvada por "la campana" de la democracia local, que restauraron el predominio del interés general sobre los interese particulares, por poderosos que éstos fueran.

Resulta gratificante comprobar, por tanto, que incluso en las épocas más duras del desarrollismo, existían una conciencia crítica acerca de lo que la ciudad debía de ser y no estaba siendo. Apoyados por el valor de José María Izquierdo como referente moral e intelectual de esta manera de entender la ciudad, tanto Luis Gómez Estern como Manuel Justiniano y Martínez anhelaban a través de estos textos, "...sugerir a la mente de nuestros ediles y arquitectos nuevos derroteros, y alumbrar ideas eficaces para el progreso de la fisonomía de nuestra ciudad". "Si no cierran totalmente sus ojos a la razón, así será". Desgraciadamente entonces, así no fue. Pero ahora sí será. Alfredo Sánchez Monteseirín, Alcalde de Sevilla".

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"Los dos trabajos que ahora reeditamos gracias a la generosidad del Alcalde -y van cinco- están enlazados por un doble vínculo. Ambos versan, por una parte, sobre la conservación de la Ciudad en sentido amplio y ambos están unidos por la excepcional figura de José María Izquierdo, no solo por ser los ganadores de los premios del Ateneo que llevaban su nombre, en 1947 y 1951, respectivamente, sino también por la presencia interior del gran ateneísta en cada uno de ellos. Los dos trabajos tienen además el denominador común de insertarse en las preocupaciones urbanísticas que afloraron en la Ciudad tras el término de la guerra civil y que habrían de concretarse en el Plan de Ordenación de 1946 y, sobre todo, en las Ordenanzas de Policía de la Construcción de 1949.

Luis Gómez Estern, arquitecto municipal y Jefe de la Sección de Ordenación Urbana, nos legó dos actuaciones impagables: las propias ordenanzas, a cuya redacción colaboró decisivamente en unión de Alfonso Toro Buiza y el catalogo de fotografías y planos de los principales edificios de Sevilla, que realizó con Francisco Collantes de Terán y que luego quedó parcialmente recogido en Arquitectura Civil Sevillana editado en 1976 en la Alcaldía de Fernando Parias. La redacción del trabajo con el que ganó el premio del Ateneo quedaría justificada en mi criterio, tan solo por permitirnos leer ahora las agudas referencias que consigna en la explicación previa a quienes se preocupaban en aquellas fechas de la conservación de la ciudad de manera importante pero insuficiente. La experiencia demostró cumplidamente aquella insuficiencia puesto que todas las buenas intenciones de unos pocos no lograron frenar la destrucción de la ciudad. Algo de esto he escrito con más detalle en las palabras que introducen la edición de la conferencia que Joaquín Romero Murube pronunció en el Círculo Mercantil en el año 1967 sobre Algunos problemas de Sevilla. Pocos años más tarde, ya en vigor las ordenanzas, Gómez Estern pronunció la conferencia La arquitectura actual en Sevilla en el curso sobre Urbanismo y Estética en Sevilla organizado en 1955 por la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría; conferencia que bien puede estimarse un complemento de las ideas que previamente había expuesto en el trabajo que ahora reeditamos. Don Luis tenía una visión global de la ciudad. Era, además de arquitecto un urbanista en el mejor sentido de la palabra: si se prescindiera de la composición de conjunto de la ciudad, podría distinguirse entre el edificio a secas -ejemplo: una nave industrial- y la obra de arquitectura -ejemplo: una catedral-. Pero la arquitectura urbana compone la ciudad y armoniza sus partes más diversas, de forma que, en definitiva, todos los espacios y edificios de la ciudad se conjuntan en una obra armónica, bella, y ordenada en expresión y función, sin que exista parte que no deba integrarse en su propio contenido en tal unidad artística. Y así la catedral y la nave de industria quedan unidad en una sola obra de arquitectura. Así nos decía en la citada conferencia que debía ser.

Justiniano ganó el premio al sacar a la luz textos sobre el urbanismo de la ciudad del gran Ateneísta, querido, admirado, y raramente leído José María Izquierdo, extraído de la edición de sus obras que había efectuado en 1924 el Ayuntamiento y el Ateneo de Sevilla ¿quiénes piensan tontamente que la colaboración entre el Ayuntamiento de Sevilla y el Ateneo es sólo de ahora y le buscan intencionadamente tres pies al gato mezclando la "política"? A Izquierdo lo habían mencionado también en su trabajo Gómez Estern y, por cierto, también lo había citado al menos dos veces en su conferencia antes aludida. He aquí una de las claves por la que nos hemos permitido sugerir al Alcalde la reedición de esta obrita para conmemorar, como él generosamente dice, "uno de nuestros actos culturales importantes del año". Todo cuanto se relacione con José María Izquierdo conmueve las fibras más sensibles del Ateneo. En José María Izquierdo leemos: ante un libro para mí nuevo -con los broches cerrados, si antiguo; con las hojas sin abrir, si moderno- he sentido la honda, la religiosa emoción que en presencia de un santo misterio.

Aquí, lectores, tenemos otro libro... Que a todos nos aproveche. Enrique Barrero González, Presidente del Ateneo de Sevilla".


Sevilla, julio de 2004

 



 

 



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