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ACTO DE ENTREGA DE LA MEDALLA JOSÉ MARÍA IZQUIERDO A FERNANDO OCAÑA GARCILASO DE LA VEGA

El día 16 de noviembre de 2006 tuvo lugar en el Ateneo de Sevilla el acto de entrega de la medalla José María Izquierdo a Fernando Ocaña Garcilaso de la Vega, que se le ha concedido por acuerdo unánime de los órganos directivos del Ateneo por su constante apoyo a las actividades culturales y a la obra social del Ateneo de Sevilla, con particular atención a la Cabalgata de Reyes que tradicionalmente discurre por las calles de Sevilla desde 1918, año en que la fundara José María Izquierdo, razón que da nombre a la preciada medalla concedida.

El Presidente del Ateneo dio lectura a las palabras que a continuación transcribimos:

Así, de corazón a corazón, cuando no de libro en libro, se deslizaban mis días, se desgranaban mis ideas ... De libro en libro iba mi vida; de corazón a corazón, mi alma ... Así divagaba ... Y nunca acerté a escribir de otra manera. Pero ahora, que cara a cara miro a la realidad, y cuando mi voluntad se afana de quehacer en quehacer, ¿cómo queréis, amigos míos, que escriba?....

Pasaron aquellos juegos
y todo gira entretanto,
el mundo, el amor, el oro
la amistad y lo pasado


Así escribía en un libro publicado en el año 1919, Relieves ... sin relieve, un al parecer desilusionado José María Izquierdo, autor de notables obras jurídicas y literarias, avanzada del idealismo sevillano, precursor de la definición del Ideal Andaluz, a quien he llamado hace bien poco, en un libro recientemente presentado, nuestro "primer ateneísta". Primer ateneísta con permiso de nuestro fundador Manuel Sales y Ferré y de otros tantos nombres excepcionales que llenaron de prestigio cultural nuestra Casa en ya más de cien años de existencia.
He dicho "al parecer" desilusionado, porque algo más de un año antes de publicar Relieves ..., José María Izquierdo había soñado, que no fundado, un sueño, porque los sueños se sueñan y no se fundan. Se sueñan, se viven y así se hacen realidad.
Queridos niños, escribió Izquierdo, quisiera empezar como empiezan los cuentos, diciendo "Érase una vez ..." Pero yo no voy a contaros un cuento, aunque un cuento de hadas, más fantásticos que todas las fabulosas narraciones de las mil y una noches, habrá de pareceros la historia que voy a referir. Escuchad.
Hacía muchos años que nuestra ciudad no veía en forma sensible a los Reyes Magos. Los Magos de Oriente pasaban invisibles en el misterio de la noche callada; mas no paseaban en triunfo su magia real por las calles de Sevilla. Las gentes no creían en ellos ... Y así, como no puede haber paz en la tierra si no hay hombres de buena voluntad, así no es posible ninguna Epifanía si no hay hombres de fe. Esa triarquía en la adoración del Verbo Humanado que formaron aquellos soberanos, que lo eran por ser sabios y santos, sólo se parecía a los espíritus que confían en la maravilla de su magnífica munificencia. Los hombres prácticos intentaron convencer a los niños de que eran ellos y no los Reyes Magos los que repartían los dones. Y desde entonces los niños pobres quedaron aún más desamparados, porque dejaron de recibir el regalo del ensueño, y los mismos hijos de los ricos perdieron el encanto de la ilusión.
Este año, esa escuela de niños grandes que es el Ateneo, pidió al Niño Dios que hiciera el milagro de que los Reyes Magos volvieran a la ciudad Mariana y derramaran próvidamente sus gracias para vosotros, los niños de Sevilla. El cielo escuchó nuestras plegarias. Y el milagro se hizo. Porque Dios lo ha querido ... Nada hicimos por nosotros mismos, nada habíamos preparado. Sólo cuidamos de buscar el reinado de los niños, y de su gloria, y todo se nos dio por añadidura. Y la realidad superó todas nuestras previsiones y colmó todos nuestros anhelos y fue de una realidad tan ideal que jamás pensamos idealizarla tal como ha sido realizada. El Niño Dios llamó al corazón de Sevilla; y la Ciudad de la Gracia respondió a su llamamiento. Cuando en el tiempo de Adviento se iluminó la Giralda en honor de la Inmaculada, la torre luminosa debióse proyectar en el cielo como la columna de fuego que guió al pueblo escogido, como la estela de la estrella misteriosa que condujo a los Magos ... Por obra y gracia de la caridad de Sevilla entera, por virtud de la fe y de la esperanza que toda la ciudad puso en esta Epifanía, los Reyes Magos se presentaron este año con todo el cortejo de sus ilusiones, y dejaron como recuerdo de su paso, los ricos presentes de su magnánimo corazón. Y Melchor, del fondo de la India misteriosa, nos trajo la verdad del amor, y Gaspar, de las costas rientes de Grecia, la belleza de la fe; y Baltasar, de las márgenes del río sagrado de Egipto, el poder de la esperanza. Y para vosotros, queridos niños, trajeron el oro de los juguetes y el incienso de la alegría, y la mirra de unas lágrimas, que por ser por vosotros derramadas, pronto se evaporaron al conjuro de un beso.
En la cabalgata de la noche del sábado, y en el festival de esta tarde, el Ateneo fue tan sólo un heraldo, un emisario de los Reyes Magos. El Ateneo se había limitado a solicitar del venerable Melchor, del animoso Gaspar, del humilde Baltasar, dulces y juguetes para vosotros. Y los Reyes le enviaron los juguetes que tenéis todavía en vuestras manos, y los dulces que ya sólo son un grato recuerdo en vuestros paladares.
Si esto fuera un cuento, yo terminaría ahora, como concluyen los cuentos, diciendo: ¡Colorín, colorado! Pero ... como esto es una historia, hay que coronarla como se coronan las historias ... Y pues la historia nos dice que vienen los Reyes Magos y que vivirán eternamente, vosotros debéis decir conmigo: ¡Vivan los Reyes Magos!

José María Izquierdo sólo vivió cinco Cabalgatas, puesto que en julio de 1922 entró en la inmortalidad y trasladó allá arriba la plenitud de todos sus sueños de caridad y de amor a los demás.
El Ateneo, en cambio, lleva ya vividas ochenta y nueve Cabalgatas y ahora mismo se afana en preparar, con renovada ilusión su próxima Cabalgata de Reyes, y así caminamos hasta un próximo centenario que ya nos va pareciendo como casi a la vuelta de la esquina.
Ahora mismo podríamos decir ya, con el gran Poeta sevillano Aquilino Duque

Hace doce días que van de camino
ya están a punto de llegar
son igual que el agua que mueve el molino
pasan, pasan, pasan, vuelven a pasar.
...

Hace veinte siglos que van de camino
Van en caravana, van en procesión
Lo mismo que el agua va por el molino
Igual que la sangre por el corazón

Hoy nos hemos reunido aquí para entregar una medalla a un Rey que pasó y que desde que pasó vuelve a pasar cada año, porque la vida es variada y en eso consiste su gracia: hay quienes pasan y pasan y hay quienes pasan y vuelven a pasar.
Quienes vuelven a pasar fueron actores de un espectáculo maravilloso y lo dejaron clavado en su corazón y ya nunca quieren renunciar a él; y el Ateneo tiene que ir cada año reconociendo a quienes pasaron y han decidido seguir pasando.
Pasan para apoyar nuestros actos culturales, para solidarizarse con nuestras obras sociales, pasan para que cada año pueda renovarse el milagro de partir de cero y decir, al finalizar una noche de ensueño, que hemos cumplido una vez más, el legado que nos dejaron y el compromiso que tenemos con Sevilla.
Mejor o peor, con mayor o menor acierto, con desaciertos incluso, con niebla o con lluvia, en días grises o en días soleados, siempre fríos, pero siempre calentados por un entusiasmo colectivo y una ilusión que no se extingue.
Un poeta sevillano que quiso vivir lejos de Sevilla, en otro tiempo maldito y hoy venerado, recuerda a su manera, aquella noche que nosotros cada año recordamos:


Vimos la estrella hacia lo alto
Que estaba inmóvil, pálida como el agua
En la irrupción del día, una respuesta dando
Con su brillo tardío del milagro
Sobre la choza los muros sin cobijo
Y el dintel roto se abrían hacia el campo
Desvalidos nuestro fervor, helado
Se volvió como el viento de aquel páramo.
Dimos el alto, todos descabalgaron
Al entrar en la choza, refugiados
Una mujer y un viejo sólo hallamos.
Pero alguien más había en la Cabaña:
Un niño entre sus brazos la mujer guardaba.
Esperamos un dios, una presencia
radiante e imperiosa, cuya vista es la gracia
Y cuya privación idéntica a la noche
Del amante celoso sin la amada.
Hallamos una vida como la nuestra humana,
Gritando lastimosa, con ojos que miraban
Dolientes, bajo el peso de su alma
Sometida al destino de las almas,
Cosecha que la muerte ha de segarla ...

En esto no pasamos ni pasaremos nunca. El Ateneo se queda siempre con la ilusión del Nacimiento. Luego volverá lo demás, también aquí en Sevilla.
Fernando, no voy a desgranar tu extraordinaria trayectoria humana y profesional. No es necesario, por cuanto quienes aquí estamos, conocemos y apreciamos la ingente tarea de este sevillano, economista comprometido con su tierra, que dirige y lidera uno de los primeros grupos publicitarios españoles y europeos, viajero incansable, padre de cuatro hijos, autor de diversos libros de su especialidad, enamorado de Sevilla y de sus cosas, conferenciante asiduo en los más importantes foros publicitarios, y otras tantas excelencias personales y profesionales que llenan varios apretados folios que no debo ahora exponer.
Fernando, porque pasaste y vuelves a pasar, como José María Izquierdo soñaba, te hemos concedido la medalla José María Izquierdo, que yo como Presidente en nombre del Ateneo de Sevilla te voy a entregar ahora. Te esperamos siempre, te espera el Ateneo, te esperan cada año los niños de Sevilla.

El Presidente del Ateneo, Enrique Barrero González, se dispone a entregar la medalla a Fernando Ocaña Garcilaso de la Vega. A la derecha, el Delegado Gonzalo Crespo.

Fernando Ocaña contestó a su vez con un emotivo discurso en el que expresó cuanto el Ateneo y la Cabalgata están significando en su vida. Siempre que me llaman del Ateneo -dijo- es para darme una alegría; antes para encarnar a un Rey en la Cabalgata de la ilusión y ahora para recibir una medalla sólo y exclusivamente por cumplir con mi deber de empresario, porque los empresarios, sin perjuicio de sus legítimas actividades profesionales y de sus lógicas ganancias, también debemos revertir a la sociedad parte de lo que la propia sociedad nos otorga.

Ocaña hizo referencia a otras relaciones de su empresa con diversas fundaciones y asociaciones que ayudan a los más desfarecidos así como del apoyo a otros iniciativas como la Publicidad en el Museo, el patrocinio de la Semana del Cine Experimental de Madrid, el Premio de Poesía de la Fudación Aljibe y otras diversas.

Contestando finalmente al Presidente dijo que para una persona que había sido rey en la Cabalgata del Ateneo de Sevilla "volver a pasar" no es sólo una responsabilidad moral sino una satisfacción.

Diario de Sevilla en su edición de 17 de noviembre publica una muy amplia crónica del destacado periodista Francisco Correal, así como otras numerosas fotos del acto, al que califica de "entrañable".

Cerró el acto el Teniente de Alcalde Delegado de Fiestas Mayores del Ayuntamiento Gonzalo Crespo, que hizo constar su satisfacción por su presencia institucional en el acto y el hecho de que todos los grupos políticos del Ayuntamiento a los que él tenía la satisfacción de representar en ese momento habían votado a favor de la concesión a la Cabalgata de la consideración de Fiesta Mayor de Sevilla.

Sevilla, noviembre de 2006



 
 
 
 
 

 

 

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