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CARLOS MURCIANO OFRECIÓ UN BELLO PREGÓN PARA LA CABALGATA DEL ATENEO

El poeta y escritor Carlos Murciano ha pronunciado el Pregón de la Cabalgata de Reyes Magos del Ateneo de Sevilla que tradicionalmente tiene lugar el día 28 de diciembre como preludio de la gran Cabalgata que recorre las calles de la ciudad cada día 5 de enero desde 1918 hasta la actualidad.

La prensa local sevillana se ha hecho amplio eco de este pregón. Como ejemplo se expone a continuación la información del diario ABC, que ha recogido la excepcional intervención del Poeta de Arcos de la Frontera en la siguiente página.


El texto del Pregón ha sido editado por el Ateneo, con introducción de su presidente, Enrique Barrero González, del siguiente tenor:

El sueño de José María Izquierdo y de quienes con él idearon y comenzaron aquella gran aventura en 1918 va a hacerse de nuevo realidad dentro de unos días; y el autor de las Niñerías, que escribía de corazón a corazón, va a repetirnos, una vez más, que esta escuela de niños grandes que es el Ateneo, ha pedido al Niño de Dios que hiciera el milagro de que los Reyes Magos volvieran a la ciudad mariana y derramaran próvidamente sus gracias ... y el milagro se hizo, porque Dios lo ha querido ...

Cada año cuando llegan estas fechas, he de ocuparme, por razón de mi cargo, de escribir unas palabras que sirvan de pórtico de la edición del Pregón de la Cabalgata de Reyes, y, en verdad, que lo tengo fácil, porque vamos de oca en oca de las relevantes trayectorias personales y de los bien ganados prestigios literarios.

Carlos Murciano, a quien no vamos a descubrir a estas alturas, es autor de una vasta e ingente producción poética, que supera los ochenta libros y ha obtenido numerosos premios y reconocimientos, cuya completa enumeración excedería del modesto propósito preliminar de estas líneas. Baste citar, entre ellos, el Premio Nacional de Poesía de 1970 por su libro Este claro silencio y el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 1982, género que ha cultivado con creciente éxito, por su libro El mar sigue esperando. También ha escrito relato corto y novela, ámbito este el de la narrativa que le ha merecido destacados galardones. Me consta que entre tantas distinciones y galardones como ha recibido lleva con particular orgullo su reconocimiento como Hijo adoptivo de Fontiveros, pueblo natal de San Juan de la Cruz; lo que se suma a su pertenencia a diversas Academias y Sociedades culturales y tantas cosas más. Carlos Murciano ha sido, además, nombrado recientemente Hijo Predilecto de Arcos de la Frontera, la bella localidad gaditana en la que vio la luz y de la que siempre ha sido embajador literario y espiritual durante toda su vida. Una expresiva lápida ubicada en su casa natal perpetúa para general conocimiento el lugar en el que nacieron tanto él como su hermano Antonio, con quien compartió el honor del nombramiento.

Aun cuando habrá de ser cada lector el que juzgue el texto que tiene entre sus manos, no me resisto a decir que el autor nos ha entregado un Pregón no largo, como debe ser, pero de extraordinaria densidad poética y literaria, delicado y culto, salpicado con mesura de sus propios poemas navideños, género que ha abordado con creces con anterioridad, al igual que, también de forma magistral lo ha hecho su hermano Antonio. Décimas, villancicos, tercetos y sonetos del autor desfilan por el texto con la perfección métrica y el virtuoso sentido clásico al que nos tiene acostumbrados.

En verdad que la presencia de Carlos Murciano en los compromisos culturales del Ateneo no es, por otra parte, nueva. En nuestro libro El Ateneo de Sevilla y su Cabalgata de Reyes Magos I ya nos dejó, en prenda, su precioso soneto, que en más de una ocasión he citado como apoyo de mis obligadas palabras sobre la Cabalgata, en el que los Reyes pasan silenciosos, como vuelven a pasar ahora, para no despertar a la alegría. Y en nuestro reciente Homenaje a la Fiesta del Soneto celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1912 también nos regaló la posibilidad de incluir la fascinante narración de una visión dichosa, en una tarde, en el campo, en que las nubes se rompían en mil cristales y los asombrados ojos del poeta pudieron contemplar la obra impresionante que hacían los dedos escultores de la lluvia.

Pregón éste, además, de honda y emocionada religiosidad. El poeta cita a Graham Greene y su referencia a ese Dios que nos gusta como el sol, todopoderoso y solemne, eternal y distante; pero que Murciano nos dice que se acerca a todos cuantos quieren sentirlo y se hace cercanía sobre la alfombra, o el hueco sencillo de la almohada, se palpa en el bolsillo o se siente en el reloj, juega en el armario y comparte nuestra madrugada.

Más aún, un Dios que ha aparecido en presencia física y real entre nosotros. Luis Cernuda, al que también cita el Poeta, lo vio con los ojos de quienes esperaban una presencia radiante e imperiosa y se encontraron con una vida como la nuestra, humana, gritando lastimosa... Carlos Murciano nos lo trae hecho íntima plenitud, suficientemente cerca, enredado con nosotros, como en los versos juanramonianos, en lucha hermosa de amor, como el fuego y el aire.

Demos la palabra al gran poeta de Arcos de la Frontera, para que, como Heraldo de una nueva Cabalgata de Reyes Magos del Ateneo de Sevilla, nos deleite y nos instruya.

Sobre el portalito
titila una estrella.
La huella
de Dios.

 

 

Sevilla, diciembre de 2006



 
 
 
 
 

 

 

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