REEDICIÓN DE POESÍA
POPULAR ANDALUZA EN EL SIGLO XX. VIDA Y OBRA DE JUAN RODRÍGUEZ
MATEO, DE DANIEL PINEDA NOVO
El Ateneo acaba de reeditar la obra del título
arriba expresado, publicada en 1966 por Daniel Pineda Novo con prólogo
de José Sebastián y Bandarán. En una nueva
introducción del autor nos dice que "en el primer tercio
del siglo XX, cuando Sevilla se abría a la modernidad en
la creación literaria y artística, tres poetas muy
vinculados al Ateneo, mantenían aún su devoción
por el postromanticismo y el modernismo, ya decadentes: José
Muñoz San Román (1876-1954), Felipe Cortines Murube
(1883-1907) y Juan Rodríguez Mateo (1888-1963)... Tres poetas
que se mantuvieron firmes en la poesía tradicional, en la
poesía costumbrista andaluza y en la poesía religiosa...
Rodríguez Mateo -ya lo hemos dicho- se inició en la
poesía como un auténtico juglar, un rapsoda, ya que,
espiritualmente, estaba enraizado en su tierra, en su pueblo, al
que fue siempre fiel..."
El libro da cuenta de la biografía del poeta y de su extensa
obra literaria, con numerosos ejemplos que ilustran las atinadas
observaciones que el libro contiene. Un capítulo especial
dedica a sus Sonetos, una de las estrofas que más utilizó.
Contiene, por otra parte, esta reedición numerosas ilustraciones
no incluidas en la primera edición, como fotos, dedicatorias,
autógrafos o portadas de sus libros principales.
Rodríguez Mateo, cuya semblanza escrita por el también
poeta Joaquín Caro Romero ya aparece en el Diccionario de
Ateneístas fue un destacado socio de nuestra Casa. De esta
vinculación da cuenta el Presidente del Ateneo Enrique Barrero
González en la siguiente presentación:
Juan Rodríguez Mateo fue un ateneísta
destacado con una presencia constante en nuestra Casa. Emilio Ramos,
un conocido ateneísta antiguo, Socio de Honor del Ateneo
y miembro de su Junta Directiva actual, lo recuerda, por ejemplo,
como asiduo visitante casi diario de Miguel Romero Martínez
en la biblioteca, a la que acudía a la comidilla de la cola,
tertulia que se formaba con las constantes visitas que recibía
el bibliófilo humanista. Emilio se refiere a él con
estas palabras: Juan Rodríguez Mateo, que llegaba todos los
días desde su Coria querida con los versos de su próximo
libro, el "poeta bucólico", como lo llamaba don
Miguel; nada más sentarse nos obsequiaba antes de saludarnos
con los buenos días, con una dosis de su tos bronquial que
duraba unos cuantos minutos.
José Vallecillo lo cita con profusión en La Literatura
y el Ateneo de Sevilla (1887-2005). En 1928 aparece en una lectura
poética organizada por el Ateneo en Coria del Río;
en 1948 en una velada literaria en honor del bachiller de Osuna;
en los cursos 1944 a 1946, 1950 a 1952 y 1960-1962, desempeñó
la presidencia de la Sección de Literatura, en la que organizó
numerosos actos, en los que intervino...; Él mismo fue objeto
de homenajes en el Ateneo, como recuerda, por ejemplo, José
Salvador Gallardo en su libro Juegos Florales y homenajes en el
Ateneo de Sevilla (recuerdos de un ex Presidente), publicado en
1958. Así en el discurso pronunciado en el Vino de honor
a los señores Don Salvador Fernández Álvarez
y Don Juan Rodríguez Mateo, por sus recientes triunfos poéticos
y en el que pronunció igualmente en el Vino homenaje a Juan
Rodríguez Mateo, celebrado con motivo de su ingreso en la
Real Academia Sevillana de Buenas Letras: para nuestro Ateneo -decía
en el último- este encumbramiento oficial y público
de nuestro poeta, es un especialísimo motivo de complacida
satisfacción y de orgulloso contento... Decir en esta ocasión
que Don Juan Rodríguez Mateo es un amigo leal y caballeroso,
consejero insustituible, compañero de trato naturalísimo
y de probada sencillez, prototipo de bondad, del afecto, de la inteligencia
y de la simpatía, es no decir apenas nada. Sí podemos
y debemos afirmar que, en todo momento y en toda ocasión
es un admirable y notabilísimo poeta... Digamos, así
mismo, de pasada, que Salvador Fernández Álvarez,
fue reputado doctor, especialista en Dermatología, brillante
periodista, colaborador asiduo de ABC, artífice de una prosa
afiligranada y colorista, pero, ante todo, exquisito poeta... autor
de libros tan bellos como "Cristales", "Siluetas
líricas", "Sol y nubes", "Senderos",
"Breviario lírico de Sevilla" y otros varios, como
lo define la Revista "Calasanz", a la que me refiero a
continuación.
Tengo anotado, por mi parte, otro acto importante no citado
por Vallecillo, pero del que daba fe la Revista "Calasanz",
en su número 16, de abril de 1946: se trata de la conferencia
pronunciada en nuestra sede el día 26 de febrero de 1946
por el Padre Moisés Rodríguez Álvarez, entonces
rector del Colegio de los Escolapios, y ya entonces miembro de la
Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en la que acababa de ingresar
con un discurso denominado Pequeña Historia de una Casa Grande,
referido al propio Colegio. En la conferencia impartida por el Padre
Moisés, con el título Chispas de un yunque, leyó
diversos poemas y "rindió un homenaje al prestigioso
ateneísta, ex alumno del Colegio, Don José María
Izquierdo". Alumno al que también se había referido
profusamente en su discurso académico, como he dado cuenta
en el fascículo Homenaje a José María Izquierdo,
publicado en el año 2003, y también recientemente
en Noticias de la vida y de la obra de José María
Izquierdo (con sus manuscritos conservados por Miguel Romero Martínez).
Pues bien, la Revista citada da cuenta de que hizo la presentación
de nuestro Rector al distinguido público que llenaba el Ateneo
el ilustre publicista e inspirado poeta Don Juan Rodríguez
Mateo, presidente de la Sección de Literatura e insigne académico.
Acto éste que me resulta particularmente emotivo por mi adscripción
escolapia, a la que se ha referido Avelino Romero recientemente
en El patio grande, en el que todos corríamos... en De la
ciudad y otras cosas, publicado con motivo de mi jubilación
en el Ayuntamiento de Sevilla.
Vuelvo de nuevo a Miguel Romero Martínez porque hay
algo más que decir de las excelentes y entrañables
relaciones que mantuvo con Rodríguez Mateo, aunque ellas
no privaran a Don Miguel de hacer cierta crítica a determinadas
formas de expresión de algunos poemas del amigo. En una carta
manuscrita fechada en 12 de julio de 1939, que Romero Martínez
dirigió a su entrañable discípulo Manuel Cruz
Herrera, el bibliófilo le dice: Me alegro de que hayas pasado
tan buenos ratos en tu visita a Chamizo y en la velada de que me
hablas. No conozco personalmente a Chamizo, ni por lo tanto, le
he oído recitar nunca. Poseo y he leído varias veces
su interesante libro "El Miajón de los Castúos"
con el que se dio a conocer. Es lo único que he leído
suyo. Yo no soy muy afecto a las deformaciones dialectales en la
poesía, cuando no se trata de un verdadero dialecto con el
prestigio de una larga tradición, de una clara historia filológica
y lírica. Gabriel y Galán, que fue un gran Poeta,
me gusta más cuando escribe en castellano correcto, a pesar
de algunas páginas extraordinarias de sus "Extremeñas".
Con Juanito Rodríguez Mateo me pasa lo mismo; prefiero sus
poesías correctas, tan estimables algunas, a sus transcripciones
de nuestra barbarie campera, con su cortejo de "cozas",
"er so" y "m'alegro e verte güeno". Una
cosa es la poesía y otra la gañanía; en la
gañanía, como en la cocina, puede haber una poesía
muy grande. Poesía es pensar alto, sentir hondo y hablar
claro; y hablar claro no es hablar mal, deformando torpemente la
lengua. Me acuerdo de lo de Menéndez y Pelayo: "ni eso
es fabla, ni fuñeta, ni así se ha fablado jamás".
A pesar de todo en El Miajón... hay algunas cosas muy buenas.
No cabe duda de que el gran latinista no comulgaba con lo que, desde
nuestra actual perspectiva, podríamos calificar de "andaluzadas
literarias", que también llegaron a las novelas, como
por ejemplo, a las cortas, que escribió el gran pintor y
ateneísta José Rico Cejudo: María del Carmen
y las Rosas de la Amargura... (Que no, María del Carmen;
que no estoy yo convensío der to, de que tú hayas
hecho crú y raya en la cuenta que tenías con El Garboso...)
y, desde luego, al teatro quinteriano, tan admirado por nuestro
José María Izquierdo, sin ir más lejos.
Otra ha sido más recientemente la opinión expresada
por Joaquín Caro en la semblanza de Juan Rodríguez
Mateo en el Diccionario de Ateneístas III: No sé si
Manuel Alvar conocía la obra de Rodríguez Mateo, que
era muy digna de figurar en su tratado antológico de Poesía
dialectal, pues este hijo predilecto y preclaro de la Villa de Coria
del Río demuestra ser uno de nuestros mejores poetas dialectales.
Desde aquí vuelvo a reivindicar -concluye Caro Romero- la
memoria de este tierno y olvidado juglar, que en sus años
mozos recitaba versos por las tabernas de su pueblo y que de niño
venía en su borriquillo a vender frutas en Sevilla.
Claro está que la opinión que merecía
a Romero Martínez la poesía correctamente castellana
del poeta de Coria del Río era distinta. Puede verse, al
respecto, la recensión que hace en ABC de 10 de mayo de 1944
de Un libro de madrigales de Juan Rodríguez Mateo, en la
que, después de encomiar la obra, concluye: Mi enhorabuena
más sincera y cordial al gran Rodríguez Mateo, el
amigo ejemplar, el poeta sobrio, modesto y delicado, de inspiración
clara y humana, sin postura y sin arribismo, que tiene toda la luz,
el aire y el perfume de nuestra dulce tierra, que es sencillo con
refinamiento y que brilla en el marco de la lírica contemporánea
como maestro de un arte infinitamente atento y minucioso bajo su
pura y noble ingenuidad.
De este mismo entusiasmo participaba Julio Estefanía,
también en ABC, cuarenta años más tarde (26-9-84),
al hacer el elogio de Otro poeta olvidado: La poesía de Rodríguez
Mateo desde sus "Poemas de Aljarafe" a "Marismas",
a su auto sacramental "Las bodas del alma", a "Romancero
infantil", a tantas creaciones limpias de su inspiración
fecunda, toda su poesía, respiraba sencillez, por una parte
y andalucismo por otra.
Esta misma apasionada admiración es la que llevó
al escritor y poeta Daniel Pineda Novo a escribir La poesía
popular andaluza en el siglo XX. Vida y obra de Juan Rodríguez
Mateo, publicado en 1966, con prólogo de José Sebastián
y Bandarán. En el propósito, pues, de rendir un homenaje
a un ateneísta insigne, con la vista en el esplendoroso pasado
literario de nuestra Casa, nada mejor que hacer una nueva edición
de la obra de Pineda Novo, actualmente agotada. Han pasado cuarenta
años y es buena ocasión para que mantengamos vivo
el recuerdo del ateneísta y del poeta. El empeño tiene,
para mí, por otra parte, el valor sentimental añadido
de que rendimos homenaje a un "secretario de Ayuntamiento",
cargo del que tan cercano he estado durante mi tarea municipal;
como también lo era otro ateneísta y poeta excelso,
Pedro Alonso Morgado, encomiado por José Mª Izquierdo
en Divagando..., del que me he ocupado en varias ocasiones anteriores.
Me hago la idea de que veo a Rodríguez Mateo emitiendo
un informe sobre cualquier aspecto del régimen jurídico
local, o, ya de manera más cercana para todos los ateneístas,
sentado junto a Miguel Romero Martínez en la biblioteca gloriosa
del viejo caserón de la calle Tetuán, en la comidilla
de la cola, consultándole los madrigales que había
de dedicar a las mujeres de España. Nuestra gratitud a Daniel
Pineda Novo, que me ha contagiado su coriano entusiasmo por este
ateneísta insigne.
Sevilla, marzo de 2007
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