ACTO DE ENTREGA DEL X PREMIO JOAQUÍN
ROMERO MURUBE EN ABC DE SEVILLA
VEl día 19 de octubre se celebró en la Sede de ABC
de Sevilla el acto de entrega del X Premio Joaquín Romero
Murube al conocido escritor, articulista y poeta Manuel Alcántara.
Del acto ha dado amplia reseña literaria y fotográfica
el propio ABC en las páginas de Cultura de su edición
de 24 de octubre.
El Presidente del Ateneo, designado este año presidente del
jurado que hubo de fallar el Premio, por expresa deferencia de Álvaro
Ybarra Pacheco, director de ABC de Sevilla, intervino en el acto
para glosar con brevedad las razones que se tuvieron en cuenta para
su otorgamiento. Damos a continuación las palabras pronunciadas
por el Presidente del Ateneo:
Sr. Presidente de la Junta de Andalucía, Sr. Delegado del
Gobierno, Sra. Presidenta de ABC, Sr. Director de ABC de Sevilla,
autoridades, representaciones y amigos,
Me corresponde como Presidente del Jurado del Décimo Premio
Joaquín Romero Murube pronunciar unas palabras que justifiquen
los motivos que nos llevaron a la elección del artículo
ganador escrito por Don Manuel Alcántara.
Permitidme que para mejor cumplir el encargo de brevedad y concisión
me ampare en un texto escrito que evite divagaciones y que debo
comenzar, cómo no, con la consignación de mi gratitud
a este ABC, y más en concreto a su Director Don Álvaro
Ybarra, por el honor que me concedió al pensar, sin duda
alguna, en el Ateneo de Sevilla, y al llamarnos para formar parte
del Jurado y presidirlo.
Debo decir, sin más exordio, que tres fueron las razones
que impulsaron a los miembros del Jurado, y desde luego las que
me impulsaron a mí mismo, para elegir el artículo
ganador frente a los otros muchos excelentes que concurrían
al Certamen.
En primer lugar se tuvo en cuenta, como era obligado, el propio
artículo, cuya calidad literaria no necesita mayor ponderación
ante quienes ya lo conocen y lo han leído. El artículo
nos gana desde su brillante comienzo, puesto que brillante es la
metáfora que el autor utiliza para definir el don de lenguas
de la persona enunciada en el título. Nos sigue cautivando
el que nos diga que esa persona era un "monje tibetano de la
literatura" y que "escribía cada día de
perfil al éxito", así como que fue maestro de
Borges, el "Homero de la Pampa". Desfilan por sus breves
líneas perfectamente trabadas, los prodigios de "Las
mil y una noches", las fuentes del Nilo, el sevillano Luis
Cernuda y nuestro Convento de Santa Clara.
Precioso artículo, brillante y alejado de tópicos
al uso, que tenía necesariamente que ganar la voluntad del
más exigente Jurado.
Se tuvo en cuenta también el nombre del autor. He intervenido
a lo largo de mi vida, por mi relación con el Ateneo, en
numerosos Jurados de los más diversos Premios; y no descubro
nada si digo que en los Concursos con participación abierta,
los Jurados siempre desean encontrar si es posible, un prestigio
de ida y vuelta, es decir que también, a la vez, se prestigie
el Premio con el prestigio que se otorga al autor premiado. Así
lo pensaron, sin duda, los anteriores Jurados de este mismo Certamen,
y buena prueba de ello es la lista de quienes precedieron en el
éxito al ganador actual. En este sentido estaba claro que
Don Manuel Alcántara jugaba con el aval y la ventaja de su
impresionante obra escrita, que sería imposible desgranar
aquí. Don Manuel es uno de los mejores escritores españoles
de nuestro tiempo con una actividad literaria brillante y poliédrica
que se expresa en numerosos libros y artículos que le han
ganado los más afamados premios. Ha conseguido el Nacional
de Poesía, tiene en su haber el Luca de Tena y tantos y tantos
más. Aquí hemos premiado su faceta periodística,
en la que tan notorios éxitos ha logrado, pero ella no alcanza
a desdibujar su reconocida y sustancial condición de poeta.
Manuel Alcántara es, en efecto, un poeta que ocupa un lugar
de privilegio en la Literatura española contemporánea,
que da nombre a uno de los Premios poéticos de mayor prestigio
y dotación, y que se desenvuelve con idéntica facilidad
tanto en el sentencioso ámbito de las soleares o de las coplas
populares como en la exigente perfección de los sonetos.
Pues eso, Manuel Alcántara ya tiene también el Romero
Murube y el Romero Murube tiene ya en su nómina a Manuel
Alcántara. Como he dicho prestigio circular, o de ida y vuelta.
La tercera razón del premio tiene que ver con el tema elegido
y tratado, en cuanto el artículo rescata de alguna manera
y llama la atención sobre un sevillano excepcional en el
ámbito de la literatura española: Rafael Cansinos
Assens; y permitidme que en esto aluda, al propio Ateneo.
Cansinos fue para nosotros quien en el segundo tomo de La Nueva
Literatura Española, allá por el año 1916,
comentó un libro aparecido poco antes, diciéndonos
que su autor "nutrido por la savia de un renacimiento y enriquecido
con las dávidas de los Hermes, escribe un libro, en el que
la antigua Híspalis reivindica para sí una nueva gracia
eterna y triunfa ella misma con un gesto sutil y una alegría
callada de congraciación, de toda la belleza estilizada de
sus mujeres y de todo el ruidoso júbilo de sus crótalos".
No necesito decirles cual es el título del libro que, publicado
en 1914, hablaba de la Gracia de Sevilla, ni cual era la relación
del Ateneo con el libro y con su autor.
Cansinos fue también quien estaba espiritual e intensamente
presente en la Fiesta del Ultra celebrada en el Ateneo en mayo de
1919 y en las veladas que la precedieron y la siguieron. Aquellos
grandes poetas adoraban a Cansinos, casi en un sentido literal.
Basta recordar, como botón de muestra, que un espíritu
tan clásico como Miguel Romero Martínez, el Bibliófilo,
humanista, traductor de las Odas de Horacio, pagó también
su tributo a aquellos encendidos fervores y le pedía a Cansinos
que lo "admitiera como el último en su augusta falange".
Incluso llegó a publicar en "Grecia" un Scherzo
ultraísta, que motivó un juicioso comentario posterior
nada menos que de Ramón Carande en su "Galería
de raros": el deseo de Romero de sumar su sangre, su cerebro
y sus músculos al certamen glorioso del Ultra disfraza al
futuro traductor e introductor de Leopardi en España.
Estas fueron las tres razones tenidas en cuenta, pero permitirme
una apostilla final. Supongo, si esa suposición puede hacerse
sobre los misterios del más allá, que a Joaquín
Romero Murube le ha satisfecho el que su nombre quede venturosamente
asociado al de Manuel Alcántara.
Hay un tema recurrente en la poesía universal. Solo con referencia
a la española, nos acordamos de Jorge Manrique y de su imperecedera
definición de nuestras vidas como los ríos que van
a dar a la mar. También de nuestro Francisco de Rioja cuando
evocaba el breve y veloz vuelo de la vida de la rosa, de los juanramonianos
pájaros que se quedarán cantando el día de
nuestra partida o de las mañanas luminosas que aún
surgirán tras nuestra marcha, en los conmovedores versos
de Agustín de Foxá.
Romero Murube no pudo quedar al margen de esta sugestión.
También a él, como a Miguel Hernández, se le
murió un amigo, "con quien tanto quería":
"Ya no te ve Granada ni te siente.
Tu sangre es un caño de agua silencioso
"
Manuel Alcántara, gran poeta que se ha ocupado con profusión
del paso del tiempo y de la fugacidad de lo vivido y que como Manuel
Machado también escribió su propia biografía:
Duda, esperanza, amor
siempre me pierdo
amor, duda, esperanza
siempre vienen
también desanimó nuestras ansias de glorias perecederas:
Confieso que han llegado a preocuparme
la manera de ser de las semanas.
En el año 3000, sin ir más lejos,
importaremos nada.
Nos llamarán "antepasados"
(una mala pasada).
Pero el poeta no olvidaba tampoco el carpe diem, ni desde luego
la esperanza, que siempre le llega.
Es cierto lo que digo y, sin embargo, está bonita la
mañana
Está bonita ahora la noche en este gran salón de
la cultura sevillana y mientras llega aquel lejano día, en
el que todos seamos antepasados del futuro, felicitemos con nuestro
aplauso a Don Manuel Alcántara, mirando, no de perfil, sino
de frente el brillante Premio que en justicia ha conseguido.
Sevilla, octubre de 2009
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